De autodefensas a líderes criminales

Víctor Manuel Sánchez Valdés
11 enero 2026

En 2013 México vivió el surgimiento de grupos de autodefensa en Michoacán, como una respuesta ciudadana ante la violencia generada por el crimen organizado y la nula capacidad del Estado para hacerle frente a dicha amenaza. El crecimiento de estos grupos fue tan fulgurante que para 2014 ya tenían presencia en 55 de los municipios de la entidad.

Sin embargo, este movimiento que se vestía con ropajes ciudadanos no lo era tanto. Había grupos de autodefensa que habían nacido del hartazgo social, como el del doctor José Manuel Mireles Valverde en Tepalcatepec, Hipólito Mora Chávez en Buenavista o el de las comunidades indígenas en Cherán, que se organizaron para impedir que el crimen entrara a su municipio. Pero los mismos eran la excepción, ya que la mayor parte de estos grupos, eran criminales disfrazados, que se conformaban por desertores de los Caballeros Templarios y por operadores del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Con el tiempo se convirtieron en aquello que juraron combatir: en organizaciones criminales que hoy dañan a la población, al grado que muchos de los líderes de antaño de las autodefensas son los capos que están al frente de alguna de las 17 organizaciones criminales con presencia en Michoacán.

Lo peor es que el Gobierno de Enrique Peña Nieto llegó al extremo de incorporar a muchos de estos personajes a la Fuerza Rural Estatal, un cuerpo de seguridad reconocido por el Estado Mexicano. Incluso hay fotos y videos en donde aparece Alfredo Castillo Cervantes, entonces Comisionado para la Seguridad en Michoacán, entregando armas a Nicolás Sierra Santana, fundador y actual líder de los Viagras, o a Juan José Farías Álvarez, líder del Cártel de Tepalcatepec y la mente principal de la alianza conocida como Cárteles Unidos.

Sin ir más lejos, los líderes de siete de las 17 organizaciones criminales con presencia en Michoacán fueron parte de grupos de autodefensa, tal como se desagrega en el siguiente listado:

Miguel Ángel Gallegos Godoy “El Migueladas” del Cártel de Zicuirán.

César Alejandro Sepúlveda Arellano “El Bótox” de los Blancos de Troya.

Luis Enrique Barragán Chávez “El Güicho” del Cártel de los Reyes.

Juan José Farías Álvarez “El Abuelo” del Cártel de Tepalcatepec.

Nicolás Sierra Santana “El Gordo” de los Viagras.

Ricardo Madrigal Ávalos “El Barbas” del Cártel de la Virgen.

Raymundo Gallegos Dagio “El Maseca” de Pueblos Unidos. 1

Lo anterior hace que nos preguntemos: ¿por qué se dio este tránsito de autodefensas a líderes criminales? Para lo cual hay tres respuestas complementarias:

1. En realidad muchos de ellos siempre fueron criminales, basta con ver su historial para saber que ya contaban con crímenes probados anteriores a 2013, de forma que algunos de ellos aprovecharon la coyuntura para fingir ser ciudadanos molestos que se organizaban en autodefensas, para moverse a otros municipios sin llamar la atención de las autoridades y expandir sus áreas de operación.

En dicho contexto, destaca la financiación que algunos grupos de autodefensa recibieron por parte del CJNG para abrir paso a esta organización en Michoacán, algunos de los cuales se sumaron a la misma y otros con el tiempo se enemistaron con ella.

2. Las autodefensas para sobrevivir necesitan dinero. Durante algún tiempo recibieron recursos de los ciudadanos y de grupos de comerciantes, sin embargo, cuando los apoyos fueron escaseando y dado que estos grupos ya vivían en la ilegalidad, comenzaron a transitar a actividades ilegales como la extorsión y la venta de drogas para financiarse.

Este patrón se ha presentado en países como Colombia, El Salvador, Nigeria, Filipinas o Sudáfrica, en donde grupos que en principio nacieron para defender a la sociedad, al no ser sostenibles, comenzaron a caer de forma más frecuente en actividades criminales, volviéndose igual de nocivos que las organizaciones a las cuales combatían en sus inicios.

3. La debilidad estatal en Michoacán, combinada con el acceso a importantes fuentes de recursos. Las autodefensas nacieron de la propia incapacidad del Estado de hacer frente a la inseguridad, pero a la larga terminaron beneficiándose de la misma, ya que los excesos en los que incurrían no eran castigados y con el tiempo comenzaron a identificar fuentes de riqueza a las que podían tener acceso.

Comenzaron a ver a las compañías mineras, a los productores agrícolas y a los comerciantes ya no como sujetos de protección, sino como fuentes de ingresos, transmutando su función.

Lo anterior refleja el fracaso de los grupos de autodefensa, que, de haber estado en 55 de los 113 municipios de Michoacán en 2014, ahora apenas tienen presencia en siete, que son Cherán, Aquila, Buenavista, Charapan, Zitácuaro, Nahuatzen, Tingambato y Tangamandapio, los cuales perdieron el respaldo social por haberse involucrado en actividades criminales y hoy son una sombra de lo que fueron hace años.

El autor, Víctor Manuel Sánchez Valdés (@victorsanval), es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE. Correo de contacto: victorsanval@gmail.com.