De la ciencia a la política pública

Emiliano Terán Bobadilla
07 septiembre 2026

La ciencia tiene el poder de transformar la realidad de nuestra sociedad. Pero para lograrlo, sus resultados deben salir de los laboratorios, de las revistas especializadas y de las universidades para convertirse también en decisiones capaces de mejorar la vida de las personas.

Un ejemplo claro de esto se ha dado ahora en Sinaloa con la reciente reforma a las Leyes de Educación y de Salud, que incorpora la salud visual (junto con otros temas como diabetes, obesidad y salud bucal) entre las prioridades de atención escolar. La inclusión de la salud visual en esta reforma surgió a partir del conocimiento científico generado en la Universidad Autónoma de Sinaloa, en alianza con organizaciones como el Club de Leones y VOSH-International, además del apoyo recibido para darle forma y contenido dentro del Congreso del Estado.

Desde hace alrededor de diez años hemos impulsado en la UAS investigaciones sobre la prevalencia de errores refractivos entre niños y jóvenes de nuestra región. Estos estudios nos han permitido conocer con precisión un problema que durante mucho tiempo permaneció poco visible.

Los resultados han mostrado prevalencias importantes de miopía, hipermetropía, astigmatismo y otros problemas visuales. En algunos grupos estudiados, estas cifras se encuentran entre las más elevadas reportadas en investigaciones similares. Por ejemplo, uno de cada tres niños presenta miopía. Pero quizá uno de los hallazgos más preocupantes es que una parte importante de los niños no sabe que tiene un problema visual y, por lo tanto, tampoco recibe atención.

Durante años, estos resultados nos permitieron producir conocimiento, publicar artículos científicos y fortalecer nuestras líneas de investigación. Asimismo, la investigación también puede salir de las paredes universitarias y convertirse en una herramienta para impulsar políticas públicas cuyos efectos permanezcan en el tiempo.

Para avanzar en esta dirección ha sido muy importante la alianza entre investigadores y organizaciones altruistas que desde hace décadas trabajan en favor de la salud visual. El Club de Leones es una organización internacional de servicio que tiene entre sus principales causas la atención de la visión. A través de sus clubes y voluntarios desarrolla campañas, actividades de detección y programas destinados a prevenir problemas visuales y acercar servicios a quienes más los necesitan.

De manera similar, VOSH-International reúne a profesionales de la optometría que realizan campañas de atención visual en distintas regiones del mundo. Podríamos entender su trabajo, guardando las proporciones, como una especie de Médicos Sin Fronteras enfocada en optometría. Su labor no consiste solamente en acudir a una comunidad, entregar lentes y marcharse. Una parte importante de su filosofía está dirigida a fortalecer la educación, capacitar profesionales y dejar capacidades instaladas en los lugares donde participa.

Esta combinación entre investigación científica y organizaciones con experiencia en el trabajo comunitario permitió que los resultados obtenidos durante años comenzaran a tomar una dimensión diferente.

La reforma a la Ley de Educación del Estado establece que, al menos una vez durante cada ciclo escolar, los niños reciban atención visual, junto con otras evaluaciones importantes de salud. Esto permitirá no solamente identificar oportunamente los problemas, sino también generar las condiciones para que puedan recibir atención.

Cabe decir que fue fundamental el acompañamiento de la Oficina de Atención Ciudadana y Asesoría Parlamentaria del Congreso del Estado de Sinaloa, que permitió transformar una preocupación sustentada científicamente en una propuesta con forma y contenido legislativo. Este punto también deja una enseñanza importante. Los investigadores y ciudadanos que cuentan con evidencia sobre problemas de nuestra comunidad pueden acercarse a estas instancias y buscar mecanismos para convertir sus resultados en propuestas. No todas las investigaciones terminarán modificando una ley, pero muchas pueden aportar información útil para mejorar programas, instituciones y políticas públicas.

Los científicos podemos publicar nuestros estudios y contribuir al conocimiento de nuestras disciplinas, pero también podemos buscar que esos resultados lleguen más allá del laboratorio. Este caso muestra que es posible convertir datos científicos en argumentos que ayuden a modificar las condiciones de nuestra sociedad, y que vale la pena impulsar esta ruta en otras líneas de investigación.

La ciencia no debe limitarse a producir publicaciones o indicadores académicos, también puede generar beneficios concretos cuando encuentra aliados capaces de llevar ese conocimiento hacia la comunidad. Más allá del discurso, este ejemplo muestra que, cuando investigadores, organizaciones civiles e instituciones públicas trabajan en conjunto, el conocimiento puede convertirse en una herramienta real para mejorar la vida de las personas.