Deber fiduciario
Todos los seres humanos tenemos deberes y obligaciones. Muchas de ellas surgen de la naturaleza de nuestras actividades diarias; otras, de nuestra relación con la sociedad, la familia, el trabajo o las instituciones a las que pertenecemos.
Podemos cumplirlas o no, porque al final siempre existe una decisión personal. Sin embargo, la obligación en sí misma puede ser moral, ética y también legal, dependiendo del cargo que se ocupa y del marco jurídico aplicable.
En el Banco de Alimentos de Culiacán, la figura sobre la cual descansa la gobernanza de la organización es el patronato.
Es una figura similar a un consejo de administración en una empresa lucrativa. En las Instituciones de Asistencia Privada, a sus integrantes se les denomina consejeros o patronos.
Idealmente, un consejero debe ser una persona que combine criterio, independencia, compromiso y capacidad técnica.
Debe contar con una sólida integridad personal; es decir, ser alguien confiable, prudente, ético y con buena reputación. Si su nombre genera dudas, el riesgo se traslada a la organización.
También debe tener independencia de criterio. Debe poder decir no, cuestionar y disentir sin romper la relación. Un consejero que solo valida al director o al presidente aporta poco. Además, debe tener un compromiso real de tiempo. No basta con prestar el nombre: debe asistir, leer reportes, participar en comités, abrir puertas y dar seguimiento.
Un buen consejero debe aportar experiencia útil para la organización. Puede contribuir desde áreas como finanzas, legal, gobierno corporativo, procuración de fondos, comunicación, logística, alimentos, tecnología, recursos humanos o relaciones institucionales.
También debe contar con visión estratégica: mirar más allá de la operación diaria y considerar la sostenibilidad, los riesgos, el crecimiento, la reputación, la gobernanza y la continuidad institucional.
Asimismo, debe tener capacidad de supervisión.
El consejero no está para operar la institución, pero sí para vigilar, preguntar, orientar y pedir cuentas cuando sea necesario.
Idealmente, también debe contar con una red de relaciones útil. No se trata solo de “conocer gente”, sino de poder abrir puertas correctas: donantes, empresas, productores, expertos, autoridades o aliados.
De igual forma, debe actuar con discreción y manejar adecuadamente la información sensible. Un banco de alimentos administra datos de beneficiarios, donantes, finanzas y decisiones delicadas.
Los consejeros, frente al Banco de Alimentos, tienen un deber fiduciario. Esto implica entender que no actúan como dueños, sino como custodios temporales de una misión, un patrimonio y una confianza pública.
Por eso, cada decisión debe tomarse pensando primero en el bien de la institución y de las personas a quienes sirve, no en intereses personales, familiares, empresariales o políticos.
En una organización social, el deber fiduciario cobra todavía más relevancia, porque se administran recursos donados y se representa la confianza de beneficiarios, donantes, autoridades y comunidad.
Cumplirlo bien fortalece a la institución; ignorarlo la pone en riesgo.
Dicho en otras palabras, el deber fiduciario es la obligación legal y ética de una persona de actuar en beneficio de otra, no en beneficio propio.