Del Día Mundial de la
Alimentación al Hambretón
El 16 de octubre de 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conocida como FAO. Representantes de 42 países se reunieron en Quebec, Canadá, cuando todavía estaban muy presentes las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, entre ellas la escasez de alimentos y la desnutrición.
Más de tres décadas después, en 1979, los países integrantes de la FAO decidieron establecer el Día Mundial de la Alimentación en la misma fecha de su fundación. La primera conmemoración se realizó en 1981 y con los años se extendió a más de 150 países.
El propósito era llamar la atención sobre el hambre, la producción de alimentos y las condiciones en las que viven quienes trabajan en el campo. También se buscaba que los gobiernos, las empresas y las organizaciones sociales entendieran que asegurar la alimentación de una población requiere un esfuerzo permanente.
Con el tiempo, el tema se fue ampliando. Hoy no basta con preguntar si una persona comió. También importa saber cuánto comió, qué alimentos tuvo disponibles y si pudo mantener una alimentación variada y adecuada durante el mes.
En México también cambió la forma de hablar del problema. Durante muchos años se utilizó el término “pobreza alimentaria” para identificar a las personas cuyo ingreso no alcanzaba para comprar una canasta básica de alimentos, incluso si destinaran todo su dinero a ese gasto.
A partir de 2008, el país comenzó a medir la pobreza de una manera más amplia. Además del ingreso, se incorporaron aspectos como educación, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos y alimentación.
Actualmente se utiliza el término “carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad”. Puede parecer solamente un nombre más largo, pero mide algo diferente. Toma en cuenta si las familias tuvieron que reducir la cantidad de comida, dejar de hacer alguna comida durante el día o llevar una alimentación con poca variedad.
La medición conserva también una referencia relacionada con el ingreso: la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos, que indica si el dinero disponible alcanza para comprar la canasta alimentaria. Son dos preguntas distintas. Una revisa cuánto dinero tiene una familia para adquirir comida y la otra observa lo que realmente pudo comer.
Hasta 2022, estas mediciones fueron publicadas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, conocido como CONEVAL. Desde julio de 2025, esa responsabilidad pasó al INEGI, que continúa utilizando la metodología desarrollada por el propio Consejo para mantener la comparación con años anteriores.
En Sinaloa sí se ha registrado un avance. En 2018, el 24.8 por ciento de la población presentaba carencia por acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. En 2020 la cifra bajó a 22.1 por ciento; en 2022, a 17.3 por ciento, y la medición de 2024 la ubicó en 12.2 por ciento.
En seis años, el porcentaje se redujo prácticamente a la mitad. Es una mejora que debe reconocerse, aunque el dato más reciente todavía representa aproximadamente a una de cada ocho personas en el estado. Son familias que han tenido dificultades para mantener una alimentación suficiente y variada.
El dato también resulta difícil de entender en un estado con una producción agrícola tan importante como Sinaloa. Producir grandes cantidades de alimento no garantiza que todas las familias puedan comprarlo. Entre el campo y una mesa intervienen el ingreso, los precios, el transporte, la conservación y el desperdicio.
Cada 16 de octubre, el Banco de Alimentos de Culiacán conmemora el Día Mundial de la Alimentación con el Hambretón, su colecta anual más importante. En ella participan escuelas y empresas que reúnen alimentos para apoyar la atención de las familias.
La colecta requiere semanas de organización. Cada escuela y cada empresa participa de acuerdo con sus posibilidades; después viene la recepción, el traslado, la revisión y el acomodo de todo lo reunido. En los próximos días daremos a conocer los resultados de esta edición.
El Hambretón atiende una parte concreta del problema: reunir alimento disponible y llevarlo a personas que lo necesitan. Alrededor siguen haciendo falta mejores ingresos, empleos estables, apoyo a quienes producen, una buena alimentación desde la infancia y políticas públicas que respondan a las condiciones de cada comunidad.
El Día Mundial de la Alimentación permite revisar todo ese panorama una vez al año. Para el Banco de Alimentos, el trabajo continúa al día siguiente con la recepción de donativos, el rescate de productos y la entrega de alimento a las familias en el centro sur de Sinaloa.