Del ‘me canso ganso’ al pato ‘Merlín’
Hacerse pato frente a las varias crisis

Alejandro Sicairos
23 junio 2026

Llamó la atención el hecho de que la Presidenta Claudia Sheinbaum aceptara presentar al pato “Merlín” en la conferencia de prensa mañanera del lunes, esa ave extraída de su medio acuático para ser utilizada como distractor frente a las dificultades que enfrenta México y que lo menos que requieren es la frivolidad gubernamental. Al entrar a la moda de convertir a mascotas en coadyuvantes catárticos del Gobierno, el régimen de la Cuarta Transformación redujo a cero la función fundamental de atender las crisis en ciernes como el Estado que es.

Desde el inicio del régimen autodenominado Cuarta Transformación las especies emplumadas han desempeñado roles de atenuantes de soeces políticas primero con el “me canso ganso” con el cual Andrés Manuel López Obrador daba a entender que se animaba a concretar cosas que la opinión pública no creía que haría. Ahora dentro de la parafernalia de la Copa del Mundo de Futbol Sheinbaum adopta como amuleto al palmípedo que se popularizó por acompañar a una familia en la batalla diaria por la vida.

Viendo hacia atrás, ni José López Portillo que en su período de mandatario nacional acuñó la frase “defenderá el peso como perro”, ni Vicente Fox Quezada con su promesa de combatir la corrupción acabando con “tepocatas, alimañas y víboras prietas”, estuvieron a la altura de los animales invocados y, en contrasentido a lo ofrecido, acabaron devorados por sus propios fetiches.

Es decir, nunca el uso de animales con fines ansiolíticos ha logrado reducir las preocupaciones y traumas propios de circunstancias donde resulta comprometida la seguridad pública, la estabilidad financiera y la gobernabilidad, sencillamente porque esos seres que carecen de las capacidades reflexiva, de la palabra y de conocimiento que transforman entornos nada saben de los sufrimientos y sentimientos humanos y por lo tanto resulta ilógico esperar que induzcan o proporcionen soluciones.

Ahora es el turno de “Merlín” y lo vistan con lo que sea en la realidad grazna, camina y nada como pato. Y si le encargan que levante la imagen de un político o de una nación, de seguro le hará al pato, inhabilitado para hacerse cargo las dificultades mayores que son la violencia por las pugnas entre grupos criminales, el amedrentamiento de la planta productiva por la acción delincuencial y la obcecación del Presidente Donald Trump por armas coartadas que le permitan vulnerar la soberanía mexicana.

Entretiene “Merlín” pero no cura las heridas, por ejemplo, del Sinaloa que se aproxima a dos años de atrocidades por los 5.3 homicidios dolosos perpetrados a diario en promedio, y las 6.2 personas que se desprenden cada día de sus hogares como si se los hubiera tragado la tierra. Tampoco el pato motiva a las familias desplazadas a regresar a los terruños que abandonaron al sentir los cañones de las armas en la sien, así como para nada inspira certidumbre a centenas de empresarios y emprendedores que al bajar las cortinas de sus negocios clausuraron a la vez futuros prometedores.

Entonces el animal enfundado en los rituales del Mundial de Futbol qué va a saber del nivel de exposición pública que recibió y que en todo caso esa visibilidad sí les beneficiaría a grupos buscadoras de desaparecidos que proseguirán moviendo cielo, mar y tierra hasta encontrarles, y los deudos de los muertos en el interminable peregrinar por la justicia. Ni idea tiene el pato “Merlín” de la enorme cortina de humo en que lo transforman para ocultar las calamidades de un pueblo que despierto o dormido no halla la paz ni la esperanza.

No, Presidenta Sheinbaum. No sucumba en el garlito de la zoofilia política mientras la sociedad carezca de ánimos para gansos, patos, perros, tepocatas y víboras apoderándose del púlpito presidencial. Qué bien nos vendría el pato mundialista si México fuera el paraíso de seguridad, certidumbre y garantías constitucionales, pero no ahora en que cualquier intento de risa transmuta al llanto.

No ahora, por favor, cuando se han ausentado las palomas blancas de la paz y el águila azteca siente como nunca antes que la punzan las espinas del nopal en que se posó.

Vuela acá palomita blanca,

Ven a México de inmediato,

Saquemos de Palacio al pato,

Igual que al buey de la barranca.

Ni por viejo que es sobrepasando el umbral de vida de los de su especie, el delfín “El Pechocho” que se acostumbró a saludar a los turistas en la bahía de Topolobampo, sabe en qué terminará el conflicto por la instalación en esa zona de la planta de amoniaco, ni las consecuencias legales que podría enfrentar el grupo opositor que obstruye el paso de trabajadores contratados por Gas y Petroquímica de Occidente. La acción contra dicha industria del fertilizante hace posible que sectores productivos salgan a defender lo fundamental de la inversión extranjera directa en el Sinaloa donde el crecimiento económico va en picada. El popular cetáceo que se asignó la vigilancia del área marina en que nada a placer ¿podría inspirar también al acuerdo en que todos estén ejerciendo sus derechos?