Del río al mar: algunos datos

Jorge G. Castañeda
07 agosto 2026

La polémica en Nexos sobre la situación en Medio Oriente, y Gaza en particular, ha desatado pasiones, denuncias, exigencias y argumentos (los menos) en las malditas redes sociales. Otros, más doctos que yo, seguramente ofrecerán análisis y datos duros sobre el conflicto y la terminología apropiada en días venideros. Yo me permito sólo entregar algunos datos demográficos e históricos, junto con la recomendación, para quienes quieren saber de qué hablan, de leer Calle Este-Oeste, de Philippe Sands (Anagrama), sobre el origen del término “genocidio”, y el debate al respecto entre Hersch Lauterpacht y Raphael Lemkin, en torno a los juicios de Nuremberg.

Las fronteras reales, y reconocidas (que no son necesariamente las mismas) de lo que hoy se llama el Estado de Israel, han variado mucho desde su fundación, o “partition”, es decir la resolución de la Asamblea General de la ONU de noviembre de 1947. Una primera modificación de la llamada Línea Verde tuvo lugar en la Guerra de los Seis Días, en 1967, cuando Israel ocupa Cisjordania o la Ribera Occidental del Río Jordán (el famoso río de “from the river to the sea”), incluyendo Jerusalén Oriental, Gaza, el Golán, y el Sinaí. La Guerra de Yom Kippur de 1973 no modificó esta situación de facto, pero entre 1979 y 1982 el tratado de paz entre Egipto a Israel (los Acuerdos de Campo David) desembocó en la devolución de la península del Sinaí a Egipto.

De tal suerte que hoy, el territorio controlado por Israel, de una manera u otra, por una guerra u otra, o por una “creeping occupation”, consiste en el Israel de la Línea Verde, más los territorios ocupados o palestinos, más la franja de Gaza, ocupada durante muchos años por Egipto y administrada por UNWRA.

En este espacio, coexisten árabes (o palestinos) y judíos, en condiciones desiguales de muchas formas. La demografía es más o menos la siguiente: en Gaza habitan casi dos millones de refugiados palestinos en condiciones deplorables, que empeoraron dramáticamente a partir de la masacre del 7 de octubre. En el Israel de la Línea Verde, viven unos 7.2-7.3 millones de judíos, más unos setecientos mil, o quizás ya un millón, de “colonos” (un eufemismo deliberadamente confuso) judíos en Jerusalén Oriental y en los asentamientos o territorios ocupados de Cisjordania o la Ribera Occidental, en tierras que algunos judíos extremistas designan por sus nombres bíblicos: Judea y Samaria.

En el Israel de la Línea Verde se encuentran también unos dos millones de ciudadanos israelíes árabes, con representación en el Parlamento, y muchos -pero no todos- de los derechos de los demás habitantes de Israel. No pueden, salvo excepciones, incorporarse al ejército, ni invocar la reunificación familiar, y se encuentran sujetos a diversas formas de discriminación de hecho.

Y finalmente, en los territorios ocupados, se hallan desde tiempos ancestrales en el caso de algunos, de otros no tanto, unos 3.4 millones de palestinos, más o menos cogobernados por la Autoridad Palestina y por Tsahal o las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF). Sus condiciones de vida, sin ser tan adversas como las de sus paisanos en Gaza, son también reprobables, por todas las razones que se describen de manera cotidiana en los medios mundiales y las series y las películas. Han empeorado en los últimos años debido al creciente número de colonos judíos que los desplazan de sus asentamientos, y por la complicidad de la tropa de IDF con dicha ocupación silenciosa (ya no tanto).

Así, en todo el territorio del río al mar, cohabitan unos ocho millones de judíos, y aproximadamente siete y medio millones de árabes o palestinos, en condiciones diversas, y no siempre con gran cariño los unos por los otros. Si partimos del hecho, por un lado, que las distintas comunidades palestinas en el mundo (Líbano, desde luego; cuatrocientos mil en Chile, etc.) difícilmente volverán a esas tierras, y que las comunidades judías más nutridas (Estados Unidos, Francia, Argentina, etc.) tampoco muestran grandes inclinaciones para el retorno o Aliyá, la demografía del espacio se modificará principalmente por razones endógenas.

Las tasas de fertilidad de los judíos ortodoxos suelen ser sumamente elevadas en comparación con el resto de la población judía de Israel. Asimismo, las de las mujeres judías suelen superar las de otros países ricos, pero en general, el crecimiento demográfico de los palestinos, tanto de Israel (en menor grado) como en Gaza y Cisjordania tienden a superarlas.

De modo que, en poco tiempo, la población árabe en el espacio descrito igualará a la judía, y la rebasará en algunos años. De allí el verdadero dilema de Israel, a futuro: cómo seguir siendo un Estado judío Y democrático, sin caer por completo en el apartheid, ni ver convertida a la población judía en una minoría electoral, étnica y religiosa. Espero que estos datos resulten útiles para una discusión que en México simplemente no se ha dado, y debiera darse.