‘Denunciar la tortura policial no es defender delincuentes’

Noroeste
12 julio 2020

""

Con el clima de violencia y de inseguridad que priva en nuestro estado y nuestro País desde hace más de una década, en Noroeste estamos relativamente acostumbrados a tomar decisiones sobre información relacionada con este tema.

Y decimos relativamente porque, pese a tener un Código de Ética, un Manual de Estilo y protocolos institucionales para la cobertura y publicación de información relacionada con la violencia y el crimen organizado, cada cierto tiempo surgen datos o hechos que saltan y nos obligan a detenernos un poco más de tiempo para reflexionarlo y decidirlo antes de su publicación.

Esta semana que terminó nos ocurrió uno de esos casos, que seguramente usted, lector, leyó o vio en nuestras páginas o nuestro sitio web: se trata de un video originado en Escuinapa, que circuló en redes sociales.

En la grabación, de apenas poco menos de un minuto, se observan dos agentes de la Policía que tienen sometido a un hombre semidesnudo, golpeado y ensangrentado de los glúteos. Se escucha cómo lo cuestionan acerca de un robo y se observa una tabla sobre la patrulla donde lo tienen sometido del cuello con las piernas de uno de los uniformados.


¿Cómo decidimos si este tipo de información es publicable?

Primero que nada, el reportero o editor que detecta el video consulta con sus jefes inmediatos, para conjuntamente tomar una decisión.


¿Qué nos cuestionamos y qué verificamos antes de tomar la decisión de publicar o no una información?

Número uno, la autenticidad del material. ¿Es real el video?, ¿no es montaje?, ¿tenemos una fuente?
Número dos, actualidad de la información. ¿Es reciente la grabación?, ¿da a conocer información relevante que no se conocía, aún cuando no sea muy actual la grabación?

Protagonistas y hechos de la grabación. ¿Sabemos o podemos confirmar quiénes son las personas que aparecen?, ¿sabemos o podemos confirmar dónde y cuándo se grabó el video? ¿Involucra a no a organismos o corporaciones oficiales? ¿Son hechos fidedignos?

Relevancia de la información. ¿Qué es lo que revela la información? ¿Es una ilegalidad? ¿Es un abuso? ¿Es relevante para la utilidad o seguridad del lector?
Una vez verificados estos puntos y comentados entre los que tomamos las decisiones, nos preguntamos: ¿Estamos 100 por ciento seguros de todo lo que analizamos de esa información?

Análisis de riesgo. ¿Nos ponemos en riesgo los periodistas con esta nota?, ¿cómo minimizamos el riesgo?, ¿qué medidas de prevención tenemos que tomar para protegernos ante la inminente publicación?

Todo esto que planteamos se analiza de inmediato en cuanto recibimos algún tipo de material, y el checar los datos nos puede llevar minutos, horas o incluso días.

Una vez que cubrimos todos los puntos y los avalamos y consensuamos entre los que tomamos decisiones, que en la mayoría de los casos incluye reporteros, editores y directivos, entonces decidimos cuándo y cómo se va a publicar.

En este proceso entra, por ejemplo, el análisis de las imágenes a publicar, en este caso el video, pero a veces pueden ser solo fotografías. El criterio de Noroeste, desde su Código de Ética, y luego en los protocolos de cobertura y publicación de información relacionada con la violencia y/o el crimen organizado, precisa que no se deben publicar imágenes que pueden llegar a ser ofensivas para el lector, ya sea por sangrientas, crudas, agresivas, desnudos o con violencia explícita, etc. Pero también se precisa que cuando éstas son relevantes noticiosamente para entender o denunciar un caso de ilegalidad, abuso o necesidad apremiante, se podrán utilizar con la precaución debida, ya sea difuminando alguna parte de la foto o grabación, o editando lo necesario para entender la noticia sin exhibir innecesariamente a personas, instituciones o empresas.

En el caso de este video de Escuinapa se decidió difuminar la parte de los glúteos golpeados, por exhibir sangre y desnudez, además de ser muy explícita la violencia.

La nota y el encabezado se redactan de manera neutral, ecuánime, precisa y contundente, sin emitir juicios ni opiniones, ni tampoco utilizando lenguaje que haga apología de la violencia o que sea amarillista.

En este caso específico del video de los policías de Escuinapa en la nota se describe básicamente lo que se observa en él, sin hacer hipótesis, acusaciones o enjuiciar a los protagonistas de la grabación.

En todo este proceso no perdemos de vista lo que queremos comunicar, y con esta publicación en específico tenemos claro desde un principio que lo que se está denunciando es el presunto uso de la tortura por parte de agentes policiacos. Por eso la necesidad de publicarlo.

Este tipo de información, como lo mostró de nuevo este video, suele despertar opiniones encontradas en los lectores; eso lo tenemos claro y damos la bienvenida a esas interacciones.

Sin embargo, ahora, con el uso de las redes sociales, podemos interactuar con los lectores y contrastar estas opiniones.

Esta publicación del video de Escuinapa generó reacciones de lectores y cibernautas que cuestionaban el actuar de los policías al presumirse tortura, pero también hubo quienes justificaron la acción policial, argumentando que es la única manera que “entienden los delincuentes”.

Hubo incluso quienes acusaron a Noroeste de defender delincuentes.

Aprovechando la retroalimentación que permiten las plataformas y redes sociales, nos permitimos aclarar este punto a algunos de nuestros lectores.

“No defendemos delincuentes. Defendemos los derechos de las personas y fiscalizamos el trabajo de la autoridad. Ese es nuestro rol. Y sí, el estado de Derecho nos toca a todos, incluidos a los que les toca velar por nuestra seguridad”, fue en resumen nuestra respuesta a los cuestionamientos.

En Noroeste lo tenemos claro: Tratamos de dar un enfoque de prevención en nuestra información, pero sobre todo tratamos de que prive el fomento a la cultura de la legalidad.

Es lo único que podemos hacer en un estado como Sinaloa, porque es precisamente por los sinaloenses por quien no podemos ceder, no podemos dejar de señalar, no podemos desinformar tratando de ocultar una realidad que ahí está, que todos sufrimos día a día.

Como ya lo han establecido especialistas y organismos internacionales de prensa, relegar u omitir un hecho en los medios no suprime su importancia, pero sí su comprensión.