Derechos sólo en papel: la realidad de las niñas y niños jornaleros

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01 mayo 2026

Como cada 30 de abril, en México se conmemora el Día del Niño y la Niña. Es un día en el que las escuelas realizan actividades divertidas y las niñeces aprovechan para disfrutar un día de festejo. Pero, en el fondo, es una invitación a promover los ideales de protección, cuidado y derechos de las niñeces.

Las organizaciones que conformamos la Alianza Campo Justo hemos enfocado nuestro trabajo en mujeres jornaleras, muchas de ellas madres, que nos han compartido sus historias de vida y la realidad a la que se enfrentan al criar a niñas y niños que no pueden vivir plenamente su infancia. Niños y niñas que desde muy temprana edad empiezan responsabilidades propias de personas adultas: cuidar a sus hermanas y hermanos, hacer la comida, e incluso, en algunos casos, incorporarse al trabajo. Varias de estas mujeres, además, fueron madres cuando aun eran unas niñas.

De acuerdo con el estudio “Pobreza en la población trabajadora agrícola en México” (2025), elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), cerca de 377 mil niñas y niños, entre los 10 y 19 años de edad, son población jornalera. De este total, el grupo de 15 y 19 años concentra la mayor proporción, con casi 260 mil, poco más del 16 por ciento de la población jornalera. Estas cifras resultan preocupantes, ya que las condiciones en las que crecen y se desarrollan son de mucha precariedad y con sus derechos violentados a lo largo de su infancia y adolescencia.

Lo anterior contrasta con los derechos que se encuentran en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que reconoce a las niñeces y adolescencias como titulares de derechos, y por ello, es indispensable garantizar su cumplimiento efectivo. Escuchar sus voces es indispensable para entender los obstáculos para la garantía de derechos como:

A la vida, a la supervivencia y al desarrollo: Los niños, las niñas y las adolescencias tienen derecho a vivir y crecer. Aunque en el caso de la comunidad jornalera, no siempre sucede, por ejemplo, Sara dice:

“Yo nunca he conocido el ser niña; migré por necesidad porque mi padre abandonó a mi madre con cuatro niños, tuve que dejar la primaria, mi mamá me dijo ya no puedes estudiar, vete a trabajar a Sinaloa, tenía 12 años”. (Sara, mujer jornalera).

Vivir en familia: Este es el derecho a tener un núcleo que vele por ellos y ellas.

“Desde que tengo uso de razón mis papás y yo hemos migrado a todas partes. Cada año nos movemos, me cuesta adaptarme; a veces hay escuelas, a veces no”. (Dalia, 15 años).

La salud y educación: Todo niño, niña o adolescente tiene derecho a recibir educación y a llevar un cuidado de su salud.

“Ahorita estoy estudiando gracias a Dios, pero también me ha tocado ir a trabajar porque el dinero no alcanza. Siempre me ha tocado estar en los campos cuidando a mis hermanitos y sobrinos, ser como una persona grande para cuidarlos a ellos. Como niños vivimos injusticias, cuando tenemos un problema de salud nos dan muchas vueltas para atendernos”. (Dalia, 15 años).

Tener identidad y no ser discriminados/as: Es derecho de las niñeces y adolescencias respetarles en su identidad y no sufrir de intolerancia.

“La migración es una gran tristeza, quería que mi niña tuviera una vida diferente, pero en las comunidades no hay oportunidades, no llegan los recursos, no hay derechos”. (Sara, mujer jornalera).

Poder descansar y gozar de libertad de expresión: El descanso también es un derecho, así como poder expresar sus ideas con libertad.

La intimidad y al respaldo jurídico: Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a un lugar suyo y a tener el respaldo de las autoridades ante cualquier calamidad que ponga en riesgo su integridad o sus derechos.

“Mi niña de 15 años desgraciadamente se juntó y se la llevó su esposo a Sinaloa. Tuvo un aborto y estuvo hospitalizada dos semanas. Sigue en cama y no puede trabajar; está en cama sin recursos ni nadie que la ayude. ¿Dónde están esta gente que dice apoyar a la juventud? Mi hija no pudo seguir estudiando por la falta de recursos”. (Sara, mujer jornalera).

Como se mencionó anteriormente, la realidad que viven las niñeces y adolescencias jornaleras contrasta con lo que la ley establece. Persisten rezagos profundos, empezando por el impacto que la pobreza infringe en uno de los sectores más desfavorecidos de manera histórica, lo que limita el acceso a la educación, la salud, a una vida plena y libre de violencia.

En la actual administración se está planteando el proyecto de la creación de un centro de cuidado infantil en San Quintín, como parte de la estrategia del plan de Justicia para personas jornaleras. Si bien es un primer paso, es imperativo que dicho plan de justicia se amplíe para más zonas agrícolas que captan a mucha población jornalera que sale de sus comunidades de origen para emplearse en otros estados del país. Estas familias migran con sus hijas e hijos, enfrentando condiciones que no solo les niegan la posibilidad de desarrollarse lúdicamente, sino que les impiden tener acceso a clases regulares, vulnerando también su derecho a la educación.

Además, es necesario que se contemple infraestructura en las comunidades de origen, la mayoría en áreas rurales que reciben de vuelta a las familias jornaleras cuando terminan las temporadas de trabajo agrícola y que no cuentan con espacios seguros para que las infancias puedan tener acceso a todos sus derechos, especialmente el derecho a disfrutar de una niñez feliz, sin responsabilidades de personas adultas.

San Quintín es una zona agrícola en Baja California donde miles de trabajadores -muchos de origen indígena y migrante- sostienen la producción de exportación y que ha sido escenario de movilizaciones y protestas laborales, razón por la cual el Gobierno está enfocando ahora sus estrategias únicamente a esa zona.

La autora es Arelhí Galicia, investigadora en el programa de Territorio, Derechos y Desarrollo de @FundarMexico.