Desajuste generacional
Así lo hizo constar Pascal Bruckner en su libro “Un instante eterno”, donde, citando la obra autobiográfica de Stefan Zweig, “El mundo de ayer”, señaló que en la Viena de finales del siglo 19 se tenía una pésima imagen de la juventud: “Pobre de aquel que mantuviera un aspecto infantil: no le resultaba fácil encontrar un trabajo; el nombramiento de Gustav Mahler a la edad de 37 años como director de la Ópera Imperial fue una escandalosa excepción... A los 20 años, vestirse de persona madura era la condición sine qua non para el éxito”.
Bruckner manifestó su asombro por el contraste con el tiempo actual, donde los adultos mayores quieren aparecer como jóvenes: “Qué contraste con nuestros tiempos, cuando cualquier adulto trata de forma desesperada de mostrar los signos externos de la juventud, practica la confusión de disfraces, lleva el pelo largo o vaqueros; cuando las propias madres se visten como sus hijas para anular cualquier brecha entre ellas”.
Cosa curiosa, cuando no escandalosa, en que se vive el insondable vértigo de una regresión autorizada: “En el pasado, la gente vivía la vida de sus antepasados, de generación en generación. Ahora los progenitores quieren vivir la vida de sus descendientes”.
A este cambio de mentalidad y de perspectiva, Bruckner le llama “el veranillo de la vida”, ya que: “La generación del baby boomer es la pionera en este sentido, al crear el camino que recorre. Han reinventado la juventud y creen que están reinventando la vejez. Uno sigue siendo valiente mientras la edad psicológica no coincida con la edad biológica y social”.
¿Contribuyo al desajuste generacional?