Desarmar el lenguaje
El armamentismo es un cáncer social que destroza todo tejido humano e impide vivir como hermanos. Por eso, en 1986, Delia Villarreal de Arosemena impulsó una campaña titulada: “Di no a las armas de juguete”, pues era consciente de que necesitamos educar a los niños sobre la importancia de no ser violentos, ni agredir con bélicos instrumentos.
Sin embargo, aun sin esas mortíferas armas, el ser humano continuaría siendo agresivo y violento. Recordemos que Caín no necesitó de un fusil o pistola para asesinar a su hermano Abel. De ahí que el desarme tiene que ser más radical y profundo: se requiere desarmar el corazón del hombre, porque ahí anidan las más egoístas y mezquinas pasiones, que desembocan en homicidios y agresiones.
Convencido de esta urgente necesidad, el Papa León XIV compartió su Mensaje de Cuaresma –tiempo litúrgico que inicia el próximo miércoles con la práctica de la imposición de ceniza- donde hace un urgente llamado a desarmar el lenguaje, porque gran parte de nuestras violencias provienen de mensajes agresivos. Su exhortación se centró en tres palabras: escuchar, ayunar y juntos.
Comenzó por puntualizar que, si uno no quiere escuchar, se debe a que no desea establecer relación: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor” (Ex 3,7).
Al hablar de ayunar, señaló que la abstinencia de alimento es una práctica ascética muy antigua en el camino de la conversión. Pero, invitó a “abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defender, a las calumnias”.
Finalmente, subrayó la palabra juntos, porque es un camino compartido.
¿Desarmo mi lengua?