Designios divinos
En la carta a los Efesios (3,8), Pablo escribió que, aún siendo el menor de los apóstoles, le fue encomendado anunciar a los gentiles: “La inescrutable riqueza de Cristo”.
Con esta expresión, señaló que no se pueden comprender cabalmente los designios divinos, ni el plan completo de salvación que Dios tiene dispuesto. Lo que Pablo sí aseguró, es que, “para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien” (Rom 8,28).
Sin embargo, existen muchos acontecimientos dolorosos e incomprensibles en nuestro caminar. Aún así, se nos exhorta a seguir confiando en Él aunque no entendamos su proceder, recordando la frase de San Agustín de Hipona: “Si lo comprendes no es Dios” (Sermón 117,5).
En efecto, los planes divinos superan por completo a la mente humana, como expresó el profeta Isaías: “Porque mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes. Ni sus caminos son mis caminos” (Is 55,8).
Empero, volvemos a insistir, son muchos los hechos y acontecimientos que golpean y lastiman nuestra limitada comprensión. En la columna anterior, hablamos de la enfermedad de la tía Emma y precisamos que le había tocado sepultar a tres hijos, una nieta y un hermano. Por si esta cuota fuera reducida, ayer falleció Jesús, otro de sus hijos, mientras ella continúa internada con diagnóstico humanamente irreversible.
¿Habrá que cumplir la cuota de la madre de los macabeos (2 Macabeos 7), o será necesario emular la heroica gesta de Agustina Ramírez? Cabe recordar la anécdota de Santa Teresa, camino de Burgos, cuando se lastimó en la crecida del río Alarzón y exclamó: “Señor, entre tantos daños y me viene esto”. Una voz le respondió: “Teresa, así trato Yo a mis amigos”. A lo que la santa completó: “Ah, Señor, por eso tenéis tan pocos”.
¿Acepto los designios de Dios?