Detox digital
La desconexión tecnológica es prima hermana del detox digital, el cual consiste en privarse o abstenerse de usar las tabletas, laptops, televisores, teléfonos móviles y cualquier otro aparato tecnológico para interactuar directamente con el mundo natural y los semejantes que forman parte de la humanidad.
Huelga repetir que no se está en contra del uso de los aparatos tecnológicos, sino solamente de su abuso e interacción anárquica y desordenada, que, como muchos estudios serios señalan, pueden incidir en la aparición de preocupantes síntomas de ansiedad, estrés, depresión, intranquilidad, sedentarismo, aislamiento social, menor creatividad, fatiga crónica, pérdida de memoria, disminución de concentración, problemas de insomnio y de sobrepeso y obesidad, entre otras posibilidades.
La dieta digital no consiste en una desconexión súbita o una privación absoluta e intempestiva, que no serían la solución adecuada, ni una medida razonable y aconsejable. Sin embargo, se podría comenzar por desactivar algunas notificaciones, pues el martilleo incesante de avisos de recepción de mensajes dificulta enormemente la atención y concentración; además de que muchas veces nos mostramos ansiosos por ver si ya llegó un mensaje que estábamos esperando, o por descubrir si ya respondieron un envío que habíamos subido a las redes.
Claro, no vamos a vivir como ermitaños, pues resulta imposible que no dependamos de la tecnología para atender asuntos laborales, escolares, familiares y sociales. Empero, sí es conveniente establecer límites claros en el uso y manejo de las nuevas tecnologías.
Volviendo a Michel Smurget, especificó que los “dispositivos digitales afectan a los cuatro pilares básicos de nuestra identidad: el aspecto cognitivo, el aspecto emocional, el aspecto social y la salud”. Asimismo, precisó: “La ilusión de relativa inocuidad se evapora de inmediato y la amplitud del desastre aparece a nuestros ojos con mayor nitidez”.
¿Aplico con rigor un sano detox digital?