Devaluada intimidad
En el mundo actual, subrayó Íñigo Pirfano, se ha operado una crisis sin precedentes, con su consabida fractura personal y social: “La codicia, los intereses personales, las gestiones fraudulentas, no son más que indicios de una enfermedad mucho más profunda y lacerante: una falta de peso y de valor interior que desdibuja dramáticamente aquello que nos configura como personas únicas e irrepetibles”.
Sin ser pesimista, apuntó: “En un acto de libertad irresponsable, el hombre ha decidido soltar las riendas de su propia vida y dejar que las lleven otros. El ser humano ya no vive, sino que es vivido: hace lo que hacen, dice lo que dicen. Esto justifica la proliferación de reality-shows de pésimo gusto y un interés patológico por lo truculento”.
Asimismo, citó un curso dictado por George Steiner en Ginebra, donde lamentó la devaluación de la intimidad: “¿Qué refugio hay ahora frente al voyeurismo, frente a la sed por mostrar y mostrarse que, literalmente, alimenta los apetitos de los medios de comunicación y de su público?.. La cámara de los paparazzi, el cuestionario del investigador sociológico, el micrófono oculto y la oreja del psicoanalista,... se suman a un monstruoso espectáculo mediático... De este modo habitamos en una cámara de resonancia con interminables chismes, un confesionario conectado a unos altavoces... la democracia populista tiene que devaluar la intimidad”.
Añadió, también, la opinión de Mario Vargas Llosa: “No existe forma más eficaz de entretener y divertir que alimentando las bajas pasiones del común de los mortales. Entre éstas ocupa un lugar epónimo la revelación de la intimidad del prójimo, sobre todo si es figura pública, conocida y prestigiada”. Se trata, agregó, de una “civilización light que ha dado a la frivolidad la supremacía que antes tuvieron las ideas y las realizaciones artísticas”.
¿Devalúo mi intimidad?