Devolverle la paz y garbo a Mazatlán
A pacificar nuestro edén del Pacífico

Alejandro Sicairos
09 octubre 2026

A vacacionistas de otros estados de México que tienen a Mazatlán como centro turístico favorito les causa abatimiento el hecho de evitar venir a la Perla del Pacífico por miedo a ser víctimas de los grupos del crimen organizado que toman al puerto como campo de batalla de la llamada narcoguerra. Da tristeza escucharlos, pero en Sinaloa la angustia es más por la presencia de centenas de elementos de las fuerzas armada que no se traduce en la contención de delitos de alto impacto.

Las dos realidades que chocan tienen que ver una con tantos soldados que se atrincheran en todos los puntos posibles en Mazatlán, y la otra con los sicarios y arsenales que transitan sin acongojarse dentro de los mismos perímetros militarizados. Los dos frentes de beligerancias presentan la obstinación de pretender someterse unos a otros y finalmente las que resultan avasalladas por el horror son las familias mazatlecas de bien.

La contradicción de mayor transgresión a la Ley en el municipio asistido con alrededor de 6 mil integrantes del Ejército, Marina, Guardia Nacional y policías federales y estatales exhibe la dimensión de la afrenta asestada a la fuerza pública que desfila en el casco urbano, realiza retenes permeables por la delincuencia, cuenta con grupos táctico especiales e igualmente logra asestarles golpes notables a maleantes, y sin embargo la acometida criminal contra Mazatlán no cede.

Por más que se quiera ocultar, la economía mazatleca va de picada, la confianza en las instituciones de gobierno desciende por el tobogán de la incertidumbre, los ciudadanos llevan en sus hombros la agobiante carga del miedo y desamparo, y las familias de quienes pierdan la vida o la libertad a consecuencia de la acometida atroz van y vienen en el eterno peregrinar hacia la impunidad.

El recuento de las y los sacrificados le da pauta a la numeralia de la sangre y el desconsuelo. Las ocho personas asesinadas los días martes y miércoles en Mazatlán, dos mujeres entre éstas, recalcan la huella del hampa y disipa los fuertes operativos de protección a los ciudadanos. Además, cada inmolado por las armas de los facinerosos expande la onda de desasosiego que alcanza a más segmentos de lugareños que no hallan en quién confiar, y potenciales turistas que prolongan la larga espera para volver a este destino de sol y arena.

Mazatlán está paralizado en la narrativa de nota roja que ahuyenta al turismo y la inversión en la industria sin chimeneas y crónicas distópicas de cruceros que llegan, desembarcan a los pasajeros y antes de que anochezca levan anclas en los itinerarios hacia destinos menos intimidantes. Estampas plasmadas con los pinceles de todas las crisis posibles bosquejando al mismo tiempo a la ciudad de también sueños de esperanza oprimidos por pesadillas que nunca terminan.

La perplejidad unánime desquicia la capacidad de calcular los daños, no se diga la voluntad por hallar y concretar las apremiantes soluciones. ¿Hacia dónde voltear tratando de identificar las salidas de emergencia? ¿A qué otro instrumento del Estado apostarle para la pacificación si la militarización no puede aportar la paz positiva y permanente? ¿De dónde vendrá la primera decisión del cese de hostilidades? ¿Salir de la prolongada confrontación entre narcos para iniciar la interminable e incierta fase de posguerra?

Hablar más de esto en Mazatlán resulta esencial para que a nadie legítimamente operando lo inmovilice la inseguridad. Lograr que la sabia voz cívica acalle el parloteo de los gobernantes, políticos y partidos con tal de que los consensos serenos y fiables indiquen las rutas de evacuación hacia el hermoso paraíso turístico al que propios y extraños queremos volver. Minimizar, maquillar, negar u ocultar las dificultades no contribuye a las soluciones sino, al contrario, las problematiza más.

Basta de destinarle excesivo tiempo y derrotismo al “no se puede” y colocar por encima de los desánimos el “cómo le hacemos” para que Mazatlán recobre el dinamismo que le corresponde por las bellezas naturales que posee, creciente oferta de entretenimiento, así como ciudadanos que por sí mismos han logrado transformaciones sólo factibles con el tesón de los bravos. Empujemos pues con la fuerza social a la Perla del Pacífico para que llegue puntual a su destino del mejor edén donde la vida es más sabrosa y que hace posible que aquí hasta el pobre se sienta millonario.

A calmar la letal turbulencia,

Que hasta a las olas inquieta,

Y a Mazatlán lo etiqueta,

Por la insoportable violencia.

El episodio de violencia que vivió Culiacán el miércoles, al disparar personas armadas contra un camión del transporte urbano y herir al chofer porque no le despejaba el paso al vehículo de los agresores, recrudece el miedo a estar en el lugar y momento equivocados al topar con el libre desplazamiento de sicarios, no importa que los delincuentes anden en vialidades estratégicas como lo es el Bulevar Pedro Infante que ininterrumpidamente registra la presencia de convoyes militares. Y se enciende al rojo vivo la alerta por los puntos ciegos de la seguridad pública que pueden dar lugar a hechos de sangre de proporciones incalculables.