Domingo 22: estado de excepción

Rodrigo Morales
26 febrero 2026

Lo ocurrido en el País el pasado domingo es una cruel ilustración de dónde estamos parados realmente en el combate a la delincuencia organizada. Las escenas que vimos el domingo no se corresponden con el triunfalismo oficial.

Lo primero que llama la atención es que el parámetro que sirvió el domingo para medir la seguridad pública fueron los protocolos de protección civil que entes públicos y privados fueron activando espontáneamente a lo largo del día: suspensión de clases, cierre de módulos de servicios, suspensión de corridas de autobuses de pasajeros, camiones de carga varados, eventos deportivos reprogramados, vuelos de aviones cancelados, infinidad de comercios cerrados. En muchas localidades, sin exagerar, lo que se vivió el domingo fue un estado de sitio.

Hoy, pues, el juicio a la seguridad pública ya no viene de los críticos de siempre, de los medios de comunicación, de los que quieren descarrilar la transformación. Hoy ese juicio anida en los ciudadanos comunes y corrientes que ante la amenaza real optaron por resguardarse. Ese día vivimos un estado de excepción.

Lo segundo que hay que destacar es que se trató de un operativo exitoso por parte del ejército mexicano que hay reconocer, en el que por supuesto hay que lamentar la pérdida de vidas humanas. Pero también fue un operativo sui generis en el sentido que la jefa máxima de las fuerzas armadas no parecía estar al mando de la acción en un cuarto de guerra ni informando de la evolución del conflicto.

Como quiera que sea, se trata de un parteaguas en la estrategia de combate a la delincuencia organizada, y lo que desató después también marcará un antes y un después. La demostración de fuerza desplegada por el Cártel Jalisco Nueva Generación realizando desmanes, balaceras, incendios, 252 bloqueos en 20 entidades de la república es inédito. Ese es el tamaño actualizado de la fuerza del cartel más importante (no el único). Es un dato que nos debiera quitar el sueño.

Finalmente, el regreso a la calma no parece estar fundado en una victoria de las fuerzas del orden cuanto en un cálculo de los carteles. La duración de la tregua es incierta. Se sabe que el descabezamiento del líder nunca ha significado la desaparición de un cártel; ojalá que en este parteaguas sea posible replantear el combate a la delincuencia organizada y asumir que la jornada del domingo fue una contundente demostración de que la estrategia de los abrazos y el atacar supuestamente las causas de la violencia resultó totalmente inoperante.

Más allá de los dilemas que el oficialismo tenga con la narrativa del combate, lo relevante es enderezar acciones que incrementen la cooperación internacional, la previsión de escenarios para que no vuelvan a ocurrir escenas como las del domingo, y diseñar estrategias eficientes para privilegiar el desmantelamiento y no el descabezamiento de los cárteles. Por lo visto el domingo, se trata de retos de muy largo plazo. Ojalá empecemos pronto.

El autor es consultor internacional en materia electoral.