Donde la esperanza no hace ruido

Elio Villaseñor Gómez
26 febrero 2026

Cada mañana, al encender la radio o revisar el teléfono, pareciera que el mundo se desmorona un poco más.

Las noticias falsas, el miedo, la polarización y la sensación de que todo está mal ocupan gran parte del espacio público.

En ese clima se instala también la idea de que solo queda esperar, que otros -lejanos, poderosos, invisibles- se harán cargo de los problemas. Pero mientras ese ruido crece, la vida cotidiana sigue ocurriendo en otro lugar.

En calles, barrios y comunidades, hay personas que no aparecen en las noticias, pero que sostienen la vida.

No porque desconozcan las dificultades, sino porque han decidido enfrentarlas desde lo cercano.

Buscan momentos de alegría en lo simple, cuidan sus sueños y trabajan para convertirlos, poco a poco, en realidad. Son gestos pequeños, casi imperceptibles, pero constantes.

Vivimos en varios mundos al mismo tiempo. Uno marcado por noticias tristes, amenazas y discursos que dividen.

Otro, más silencioso, donde personas comunes construyen micromundos de dignidad y resistencia.

Mujeres y hombres que sorprenden por su carácter, por su entusiasmo y por la capacidad de seguir adelante sin grandes recursos, pero con convicción.

Estas personas no se mueven bajo la lógica de los bandos ni repiten la idea de que quien piensa distinto es un enemigo.

En lugar de eso, tejen redes de afecto. Practican la empatía sin nombrarla y ejercen la solidaridad como una forma cotidiana de estar en el mundo. Saben que nadie se salva solo.

Su mirada no parte de la idea de que todo se está cayendo, sino de una resiliencia activa. Reconocen los problemas, pero también buscan crear puentes dentro de la comunidad para enfrentarlos juntos.

No sostienen la narrativa de que todo está bien, ni se resignan a esperar soluciones externas. Actúan desde lo posible, apoyándose en la familia, las amistades y en las oportunidades que ofrece el entorno.

En estos espacios, la esperanza no se proclama en voz alta ni se convierte en consigna. La esperanza se practica. Está en la organización vecinal, en el cuidado mutuo, en el trabajo compartido, en la decisión diaria de no rendirse.

Tal vez por eso no hace ruido. Pero ahí está: sosteniendo la vida, construyendo futuro y recordándonos que, incluso en tiempos difíciles, todavía es posible cambiar el mundo desde lo pequeño.

El autor es director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción del Diálogo A. C.