Edades ancianas
De acuerdo con el análisis que realiza Pascual Bruckner, en su libro: “Un instante eterno. Filosofía de la longevidad”, ya no se debe hablar de una sola ancianidad, sino de varias ancianidades:
“Entre la madurez y la vejez está surgiendo una nueva categoría: los seniors, para utilizar un término latino, que están en buena forma física y a menudo mejor dotados que el resto de la población”, afirmó.
“La vejez, agregó, ya no es solo la suerte de unos pocos supervivientes, sino que ahora es el futuro de una gran parte de la humanidad... Para el año 2050, se espera que haya el doble de ancianos en el mundo que de niños. En otras palabras, ya no hay una, sino muchas edades ancianas”.
No obstante, precisó, tampoco hay que echar las campanas al vuelo: “La incertidumbre del mañana, a pesar de los avances médicos, no es menos trágica que en el Siglo 17, y no disminuye la precariedad de cada día que amanece. La longevidad es una verdad estadística, no una garantía personal”.
En otras palabras, prosiguió Bruckner: “Podemos seguir vivos hasta una avanzada edad, pero ¿seguimos existiendo, en el sentido en que Heidegger distinguió el ser consustancial del existente, que se proyecta hacia adelante? Para un hombre, «la carga más pesada es vivir sin existir», dijo Victor Hugo de una forma más sencilla”.
Ahora, apuntó Bruckner: “La ciencia permite verdaderas permutaciones temporales... La longevidad desarma las incompatibilidades: hoy en día, uno puede ser una cosa y otra, padre, abuelo y bisabuelo, por ejemplo, anciano y deportista, madre y sustituta del hijo de su hija y de su yerno. Es Matusalén en todos los sentidos... La ciencia permite verdaderas permutaciones temporales”.
Para Bruckner, la pregunta fundamental permanece inconmovible:
“¿Cómo hacer un buen uso de este sobrante?”.