El amor a la vida

Rodolfo Díaz Fonseca
05 septiembre 2026

Continuando con el tema de la Filosofía, conviene preguntarnos para qué sirve en concreto, en qué ayuda en nuestra vida; o se trata de un pensamiento engorroso que complica el trajín de nuestra existencia.

Jean-Francois Lyotard, en su obra ¿Por qué filosofar?, señaló que no es un pensamiento estéril e infecundo, sino que nos ayuda a comprender y transformar el mundo:

“No pueden transformar este mundo si no es comprendiéndolo, y la filosofía puede parecer un pensamiento anquilosado, un pasatiempo de señorita de buena familia (porque no hace aviones supersónicos o porque trabaja en casa y no interesa casi a nadie); la filosofía puede ser todo eso”.

Por su parte, Karl Popper, en La lógica de la Investigación Científica, precisó que todos, querámoslo o no, tenemos un cierto pensamiento filosófico:

“Todos los hombres tienen una filosofía, sabiéndolo o sin saberlo. Admitamos que todas estas filosofías nuestras no sean muy valiosas. Pero su influencia sobre nuestro pensamiento y nuestra actuación a menudo es desoladora. Por lo que se hace necesario un examen crítico de nuestras filosofías. Esa es la tarea de la filosofía”.

Desde otra perspectiva, y sin ser estrictamente filósofo, aunque la traumática experiencia existencial vivida en el campo de concentración lo capacitó para ello, Erich Fromm, dijo en el capítulo 2 de su obra: “El amor a la vida” (donde se concentraron abundantes textos de sus conferencias y charlas radiofónicas), que vivimos envueltos en un gran hastío contemporáneo. Subrayó que nuestro actuar pasional se transforma en alienante pasividad de un yo distraído:

“Es extraordinario lo que ocurre en nuestra cultura: hacemos de todo para no perder tiempo, para ahorrarlo, y cuando hemos logrado salvarlo o ahorrarlo lo matamos, porque no sabemos qué hacer con él”.

¿Profeso un auténtico amor a la vida?