El consumo de alcohol y sus efectos neurológicos

05 enero 2016

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Ambrocio Mojardín Heráldez

Quizá no sea su caso, como no es el del que escribe esto, pero las personas que acostumbran consumir alcohol con regularidad deben pensar cómo reducir la afición y controlarla. El sentido común dicta que todo exceso es malo y al parecer, el consumo regular de alcohol, aún en cantidades “pequeñas”, puede ser sinónimo de ello.

Está muy documentado -y experimentado- que una copita o una cerveza inyectan ánimo y sueltan las palabras. También que el alcohol ayuda al fluido sanguíneo y previene problemas cardiovasculares.

Sin embargo, la investigación científica nos sugiere precauciones con esto. El consumo continuo -aún en cantidades consideradas pequeñas- puede dañar varias funciones cognitivas y confundir esos efectos con aquellos que trae la edad.

Así lo demuestran varios estudios científicos realizados en la Universidad de Stanford. De acuerdo con estos, quienes toman alcohol con regularidad tienen más probabilidad de sufrir algunas fallas intelectuales propias de la senectud, en edades muy tempranas. No sólo eso, pueden tener dificultades para manejar el estrés y la ansiedad, tanto como para orientarse en el espacio.

De acuerdo con la doctora Edith Sullivan de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, el alcohol afecta el funcionamiento cerebral de formas más severas que las que se habían venido sospechando. Según sus estudios clínicos y de laboratorio, las personas que consumen alcohol con regularidad incrementan significativamente la probabilidad de fallas en su sistema nervioso central.

Entre las funciones cognitivas más dañadas por el alcohol están la memoria de trabajo (especialmente para información no verbal como la localización geográfica y las direcciones), las habilidades viso espaciales (seguir instrucciones en un mapa o para ensamblar piezas), la resolución de problemas y la toma de decisiones en emergencia.

En una entrevista reciente para The Wall Street Journal, la doctora Sullivan afirmó que varias registros de tomografía cerebral confirman que el abuso de alcohol a largo plazo cambia la forma en que el cerebro regula las emociones y la capacidad para tomar decisiones difíciles. Así mismo, que el alcohol altera el sistema de sueño y la capacidad fisiológica para recuperar energía.

Según sus estudios, los cambios intelectuales y emocionales están asociados al perjuicio del alcohol en varias zonas del cerebro. El mayor daño se produce en el lóbulo frontal (donde se controlan la capacidad de planificación, el control de los impulsos y la modificación de la conducta) y la subcorteza cerebral donde están las funciones más complejas de la toma de decisiones.

Con el consumo crónico, las personas pierden velocidad en su razonamiento, reducen la cantidad de información que pueden mantener en memoria y confunden las fuentes de información, hasta de eventos cotidianos. Su comportamiento intelectual se hace más inseguro y se vuelven más intolerantes con las diferencias.

Estos efectos se presentan de manera paulatina y casi son imperceptibles al principio, pero se van haciendo más evidentes con el paso del tiempo. Los daños son más severos para las mujeres que para los hombres y se agravan con la trayectoria y cantidad de consumo.

La doctora Sullivan recomienda no consumir alcohol, o hacerlo de manera ocasional, para no poner en riesgo la salud física e intelectual. Las cantidades que, según sus estudios, pueden ser toleradas sin causar los efectos descritos son una copa al día para las mujeres y dos para los hombres. Con una frecuencia tal que permita al menos tener dos días de la semana sin consumo.

Visto así, lo mejor sería no consumirlo. Las consecuencias negativas que se señalan lo justifica. A la larga, la euforia y los beneficios que se le atribuyen pueden resultar contraproducentes.

Habrá que ir pensando en una alternativa para obtener la “alegría” y la “confianza” que se asocian al alcohol, especialmente ahora que ya pasó la temporada navideña y empezamos el año nuevo con muy buenos propósitos. ¿O usted qué opina?

 

amojardin@gmail.com