El deterioro del clima sigue aumentando
Durante estos últimos 30 días se han publicado noticias, columnas y comentarios, a cual más inquietantes y de gran importancia social, todos ellos merecedores de análisis, denuncia ciudadana y de una gran atención gubernamental por todos los países del mundo, por las organizaciones internacionales: la violencia en el mundo con las guerras no declaradas entre Estados Unidos e Irán; entre Israel y Palestina; entre Rusia y Ucrania y aquí en México, la muy resiliente violencia provocada por los cárteles y la delincuencia organizada, con todos sus ingredientes de asesinatos, feminicidios, desapariciones y demás actos delictivos que no se han podido controlar... lo que provocó la megamarcha ciudadana el pasado domingo en Culiacán, con la que se demostró el hartazgo de la sociedad ante la incompetencia del Gobierno, pero igualmente importante es la negativa noticia del retroceso del sistema educativo mexicano evidenciado en la Prueba Pisa, según la cual, los niños y jóvenes mexicanos “salen reprobados” en matemáticas, lectura, escritura y otros factores que se midieron entre los países de la OCDE.
Además, frente a los muy pobres indicadores de la economía nacional, el PIB, el empleo formal, la deuda pública y los negativos resultados de las empresas públicas a cargo de las fuerzas armadas, así como, ante los constantes amagos del Presidente Trump contra el TMEC, el narcotráfico y el “déficit” comercial de EU en el comercio con México.
A todo lo anterior, habría que agregar los ominosos mensajes que casi diariamente envía el deterioro del clima en todo el mundo y particularmente en México, tema este que conviene comentar, porque, parece ser el menos atendido en México, inmerso en temas políticos, en inseguridad, en su pobre economía y de las constantes desavenencias con EU.
A pesar de los Acuerdos de París y de los múltiples compromisos de los países para medio detener el calentamiento global en un máximo de 1.5 grados centígrados, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el miércoles 2 de septiembre expone que “se prevé cómo el escenario más optimista, que la temperatura alcance un máximo de 1.8 grados”, es decir, no sólo no se pudo alcanzar lo acordado, sino que se ha agravado el problema en 0.3 grados más, por lo que han aumentado los fenómenos meteorológicos extremos de inundaciones y sequías nunca vistas; se han incrementado los deshielos en los polos y los glaciares; se han perdido miles de hectáreas de bosques en los pulmones del mundo en las selvas del Amazonas y de África y “se ha alterado la circulación de las corrientes marinas” provocando desestabilización del clima en Europa y Japón.
Otra noticia alarmante es el Informe de la Organización Meteorológica Mundial de que “...la Tierra acaba de vivir el mes de agosto más caluroso del que se tenga noticia” y además, mientras que “en el Hemisferio Norte se tuvo el verano más cálido, el Hemisferio Sur registró un invierno cercano al récord”. “La temperatura media de la superficie terrestre fue 1.65 grados superior a la estimada...” y los océanos “también alcanzaron niveles extraordinarios... pues la temperatura media diaria llegó en agosto a 21.11 grados, un récord histórico”.
En cuanto a América Latina, México incluido, que se habían comprometido a adoptar la “Agenda 2030” en la que se incluían 134 metas, entre ellas “garantizar agua potable, energías limpias, prácticas agrícolas sustentables, proteger bosques y biodiversidad, etc.”, según el informe de la CEPAL “apenas se alcanzarían un 19 por ciento de cumplimiento de esas metas”, y el resto parece ser ya casi inalcanzable; viene ya la llamada COP 17, una cumbre mundial sobre la sequía y la desertificación a la que América Latina acudirá con muy pobres resultados.
Mientras tanto, en México se continúa con la incontrolable tala de bosques y selvas; con la constante contaminación del aire por el consumo irrestricto de combustibles fósiles, el agotamiento sin control de los mantos freáticos de agua dulce, la contaminación de ríos, lagos, esteros, playas y mares territoriales; seguimos arrojando grandes cantidades de basura, plásticos y sustancias dañinas y se mantienen arcaicos métodos agrícolas de riego que desperdician enormes cantidades de agua y lo que es peor, el gobierno que debiera ser el más obligado a mejorar condiciones climáticas, es uno de los actores que más ocasiona daños con los derrames de petróleo de Pemex y la destrucción de selvas y biodiversidad, como en la Península de Yucatán y la muy pobre protección del Golfo de California.