de mi padre

Rodolfo Díaz Fonseca
13 enero 2026

La palabra estilo deriva del latín, “stilus”, y significó originalmente un pequeño instrumento con punta de punzón que servía para escribir en tablas de cera; por el otro extremo tenía una pequeña espátula para borrar alisando la superficie, de manera que se eliminaba lo escrito y se tenía nuevamente una “tabula rasa”; es decir, una superficie lisa para volver a escribir. Con el tiempo, evolucionó el concepto para significar, ya no el instrumento para escribir, sino la peculiar manera de escribir de cada persona, el propio estilo.

En una ocasión, un joven le preguntó a Rubén Elías Gil Leyva, abogado, notario, escritor y académico, si pensaba continuar la obra de su padre, Francisco Gil Leyva, quien fue escritor, además de funcionario público, y se consolidó como un ágil, prolífico y fino columnista. Esta anécdota la narró Rubén Elías, en un pequeño libro titulado Entrevista a Rubén Elías:

Entre otras cosas, señaló: “Teniendo él una vena periodística escribía con gran fluidez. Era punzante en sus columnas. Crítico voraz. Irónico en sus juicios. Con una prosa incomparable, emitía opiniones certeras. Tenía una virtud adicional. En una cuartilla y en pocos renglones, atrapaba el interés de sus lectores”.

Agregó: “Reflejaba en sus textos, una notable inteligencia. Tenía un gran mérito. Su lenguaje como escritor era común y sencillo. Entendible... El estilo de escribir de mi padre, en el fondo era el estilo de un hombre que surgió del periodismo y que se reflejaba en una pequeña columna. Corta. Sencilla”.

Precisó: “La columna era su identidad. Era el reflejo de su personalidad. Era lo que era él. Mi estilo es otra cosa. No tengo la capacidad para el resumen. Para ser breve... Para mí Francisco Gil Leyva es insuperable y constituye una enseñanza”.

¿Perfecciono mi propio estilo?