El estilo de Rocha para quitar y poner
Saber más de los ajustes al Gabinete

Alejandro Sicairos
31 agosto 2023

Pese al revuelo causado por los tres recientes cambios en igual número de áreas sensibles del Gobierno del Estado, que son las salidas de José Luis Zavala en Obras, Cristóbal Castañeda en Seguridad y Alejandro Higuera en Secretaría Particular, a los sinaloenses se les dificulta entender el estilo de Rubén Rocha Moya en lo concerniente a la reestructura del Gabinete. Lo inesperado de los movimientos y la carencia de elementos de valoración dificultan saber qué motiva al Mandatario estatal al prescindir de unos colaboradores y llamar a otros, o cuáles criterios inciden en tales cambalaches.

Es importante que la gente sepa de por qué los cambios, aunque tiene mayor trascendencia socializar qué se logrará con los nuevos nombramientos en la visión de largo plazo y la certidumbre de que tal planeación del Sinaloa de vanguardia es la que los ciudadanos imaginan cada vez que eligen al Gobernador en turno. Queda inconclusa la buena intención cuando el servidor público procura con sus acciones beneficiar a los sinaloenses, pero omite comunicarles a éstos tales propósitos.

La estrategia del “quita y pon” que desde inicios de su gobierno implementa Rocha Moya podría estar fincada en lo que aventuró una hora antes de materializar la permuta que movió a Higuera Osuna del cargo que le permitía la cercanía con el Jefe del Ejecutivo estatal, a la distancia no sólo geográfica sino fundamentalmente política que significa mandarlo a Mazatlán para desempeñarse como Subsecretario de la Industria de Reuniones de la Secretaría de Turismo, una especie de event planner del Gobierno de Sinaloa, que no es lo mismo que la responsabilidad de cáterin oficial.

Rocha dijo a los reporteros que la causa principal es que “no son empáticos con el Gobernador”, aunque en la evaluación que se realiza periódicamente en el tercer piso de Palacio de Gobierno se revisan otros elementos como que los secretarios suden la camiseta o, lo que es lo mismo, que salgan del aire acondicionado y vayan a donde están los problemas, y eviten que al titular del Ejecutivo le estallen los conflictos en las manos cuando realiza giras de trabajo por los municipios.

Sobre la reubicación de Zavala Cabanillas de la Secretaría de Obras Públicas a la Subsecretaría de Promoción y Competitividad Económica, la opinión pública se quedó con las ganas de conocer el fondo de la valoración en que se fincó el enroque. Tal vez entre los cercanos al equipo político que forma parte de la administración pública estatal se conozcan la estrategia y las fichas de dominó con que juega la Cuarta Transformación en Sinaloa, pero al sinaloense común y corriente le vendría bien saber al respecto por aquello de refrendar el voto de confianza a quien está en el timón del estado.

La remoción de Castañeda Camarillo generó mayor inquietud por tratarse del que estaba a cargo de la seguridad pública. A este funcionario, que debió irse desde el último día de octubre de 2021, al concluir el gobierno de Quirino Ordaz Coppel, se le permitió un largo plazo para la transición con tal de evitar improvisaciones que comprometieran la paz en Sinaloa, sin que la extensión del nombramiento haya logrado ese propósito. Después del segundo Culiacanazo del 5 de enero de 2023, y eventos de violencia de alto impacto como los registrados en la sierra del Municipio de Sinaloa, el relevo se tornó asunto de alta prioridad. Faltó decir bastante de una sustitución impostergable con la envoltura del reconocimiento a quien durante cinco años estuvo a cargo de contener la violencia.

También llama la atención que quienes son quitados de los cargos, o los que son utilizados para enroques, queden siempre contentos. No hay resentimientos, no hay rupturas. Con absoluta disposición transitan de un cargo mayor a otro de menor jerarquía, y viceversa, en esa especie de amigables piezas del ajedrez del poder que hasta le agradecen al jugador que las desplace si ello le va a significar ganar la partida. La única explicación a dichos movimientos que agradan a los afectados sería la de creerse parte de un esquema tutelado por el entendimiento de que hay veces que el pato nada y hay veces que ni agua bebe.

Sin embargo, lo súbito de los cambios, que no cuidan la mínima cortesía de decirles agua va, se asienta como el método que utiliza Rocha Moya para mover a sus funcionarios cercanos sin que el Gabinete se agite ni los sacudidos se alteren. La de mayo de 2022 pudo ser la primera señal del estilo de la pinza rochista para armar y desarmar el equipo, con la salida de Ruth Díaz de la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable, que fue espontánea, estremeció al entonces recién instalado gobierno, y luego nada pasó.

Y todo puede estar bien reconociéndole al Gobernador la atribución de acudir al modelo de prueba y error en la constante labor de ensamblaje del dream team, no obstante que a los sinaloenses no les caería nada mal el hecho de conocer no tanto por qué se van unos sino qué les espera con los que llegan.

Cómo siempre le ha valido,

Finalmente el pueblo dirá:

Aquel que venga, bienvenido

Y quien deba irse pues se va.

Existen tres tipos de nominaciones para ser expulsados del gobierno de Rubén Rocha: una es la eliminación para sofocar amenazas de ingobernabilidad, mediante el juicio político; otro consiste en extirpar a los que en los 22 meses que van del sexenio rochista le juran lealtad al Gobernador y en realidad le son fieles al cheque de nómina, partidos ajenos a Morena y padrinazgos oscuros. Y ya están por irse aquellos que sólo querían las secretarías como plataforma para muestrearse e intentar desde allí saltar a alguna de las alcaldías, diputaciones o senadurías que estarán en juego en la elección de 2024.

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