El interminable dilema de Hernán Cortés

Juan José Rodríguez
17 mayo 2026

Prosigue y nos persigue la polémica de la figura del ilustre soldado extremeño, aún varias jornadas después de la visita de la señora Ayuso, sobre esa incómoda etapa de la conquista de México.

Vaya carambolas políticas que provoca un musical como “Malinche, compuesto por el español Nacho Cano, en la percepción de la gente. De ahí viene todo. En especial de la señora Ayuso, persona polémica en la opinión en España como aquí suele ser Lily Téllez.

Nacho Cano era mejor como letrista del grupo Mecano. Debió haberse quedado ahí y no querer ascender al musical con aspiraciones a Ópera Histórica. Todo melodrama por lógica suele ser bastante maniqueo.

Lo curioso es que en el pasado, el musical “Evita” provocó una extraña visión revisionista hacia la ex primera dama Eva Duarte de Perón a inicios de los 80, generalmente vista como una primera dama populista y por otros como una santa.

“No llores por mí Argentina” hasta fue tocada por Richard Clayderman, otro icono de los 80. Madonna no fue inmune a la sacralización de la esposa de un dictador que abofeteaba a los ministros delante de los pobres. Algo parecido ocurrió con Malinche, pero en España. Ven a Malinche como a la princesa Aída y a Cortés como un idealizado príncipe Radamés.

Malinche es más que un musical, pero no es la realidad. ¿Hernán Cortés vale una misa? Las autoridades eclesiásticas de México argumentaron que la misa en la Catedral Metropolitana se canceló debido a que no se pidieron a tiempo permisos para filmarla, detalle que confirma la estrategia política del acto.

Bastantes líos provoca la derecha en España para que venga su estridente representante a querer hacer un Té Deum, que ni a la propia Arquidiócesis le conviene. Además, la derecha política de México tendrá sus detalles, pero no llega a los excesos ni la teatralidad de la española.

Nosotros no hemos ido a Extremadura a quejarnos de la estatua de Hernán Cortés que allá tienen, donde aún se le puede ver pisando la cabeza de un indígena. Aún se discute allá si pisa un ídolo o la cara de un niño.

Si se trataba de rescatar lo positivo de España en ese periodo, hubieran homenajeado mejor al sevillano Bartolomé de las Casas o a Fray Toribio de Benavente, “Motolinia”, como le llamaron cariñosamente los indígenas. En esa época hubo españoles de otro valor y valía y estos frailes fueron educadores y detuvieron los excesos de las encomiendas.

Mi favorito es Fray Pedro de Gante, cuya obra fue poderosa y la pudo hacer gracias a su talento y conexiones políticas, porque era primo del emperador y quizás medio hermano de don Juan de Austria, “El bastardo”, quien fue el comandante de la flota victoriosa en la batalla de Lepanto.

Me dirán que nació en Gante, Holanda, pero en ese tiempo era parte del imperio español, el cual a su vez era parte del imperio alemán.

O sea que España aún no existía del todo, pero México ya era México.

Tampoco se trata de satanizar a toda costa a Fernando Cortés Monroy y Pizarro.

Hay algo que sí debemos agradecerle y es que haya permitido y fomentado el mestizaje, autorizando la unión entre españoles y mujeres indígenas. Esto fue una forma de crear una identidad y pacificar, incluso a sus propias huestes y darles una estabilidad jurídica a las mujeres. Es innegable que hubo muchas violaciones, pero también casos de matrimonios legalizados y que lograron ser felices.

Incluso se dice que esa experiencia la aprendió Hernán Cortés en Cuba, donde vivió y sirvió como notario varios años. Allá vio que una sociedad dividida no funciona.

No es un mal menor la integración de esa manera. En los casos de Inglaterra, al invadir la India y América fue prohibido el matrimonio entre sus colonos y las etnias locales, regla que también aplicaron otros países europeos en África. La ausencia de un posible mestizaje ha conducido a una falta de identidad. Cortés no tuvo esas prejuicios ni la obsesión española por la “limpieza de sangre”. Allá no querían a los judíos y menos a los indígenas con religiones demoniacas y sacrificiales.

Por cierto, aquí en Mazatlán hace años empezó el revisionismo: tenemos calle Hernán Cortés. Esta en Villas del Rey, unidad habitacional cuya nomenclatura toca temas del mundo de la realeza, esa sociedad a la que aspiraba el conquistador y donde, al menos se le nombró marqués del Valle de Oaxaca, pero nunca se le dio la autonomía de gobierno que tanto deseaba.