El poder político en Brasil está dividido

Rubén Aguilar
30 octubre 2026

En la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, celebrada el 25 de octubre, el actual Presidente, Inácio Lula da Silva, obtuvo la victoria con el 51.79 por ciento de los votos válidos y Flávio Bolsonaro alcanzó el 48.21 por ciento, una diferencia de 4 millones de sufragios. A los 81 años, Lula inicia su cuarto mandato al frente de su país, el cual termina en enero de 2031.

Para la segunda vuelta todas las encuestas daban un empate técnico con ventaja para Bolsonaro con 51 por ciento frente a Lula con 49 por ciento. El día de la elección los electores decidieron darle la victoria a Lula, quien logró movilizar a personas que no habían votado en la primera elección, para darle la vuelta a los pronósticos.

El Partido Liberal (PL), el de Bolsonaro, en la elección del 4 de octubre, la primera vuelta, se hizo de la mayoría en la Cámara de Diputados y de la Cámara de Senadores, y también ganó más gubernaturas. De los 81 asientos del Senado, tiene 28 y el PT, el partido de Lula, solo nueve. Los otros 44 escaños se reparten entre los 12 partidos que tienen presencia en esta Cámara.

En la Cámara de Diputados, de los 513 escaños, el PL tiene 120, y el PT, 70. Los otros 305 se reparten entre una decena de partidos de centro y derecha, conocidos como centrão, que suelen negociar su apoyo al gobierno de turno a cambio de cargos y recursos. Lula, sin mayoría propia en ninguna de las dos cámaras, tendrá que negociar cada votación.

Los gobernadores en Brasil son 27 (26 estados y el Distrito Federal). Ahora el PL cuenta con seis gubernaturas y el PT, con cuatro; las otras 17 se reparten entre distintas fuerzas políticas. Destaca el Partido Social Democrático (PSD), con cinco, seguido por el Partido Progresista (PP) y el Partido Republicanos (PR), con cuatro cada uno.

Bolsonaro huyó porque piensa que hay suficientes elementos para ser enjuiciado

El domingo, después de conocerse los resultados, el candidato Flávio Bolsonaro anunció que desconocía los resultados, por el cuestionamiento a la decisión del magistrado del Supremo Tribunal Federal, Cristiano Zanin, de prolongar dos horas el horario nacional de votación, a solicitud del candidato Lula, por problemas en el transporte público que dificultaron el acceso de los electores a las urnas, decisión que no afectó el resultado electoral.

Ya para el lunes 26 de octubre, Bolsonaro cambió de estrategia, al parecer después de hablar con su padre, y reconoció su derrota y anunció que asumirá el liderazgo de la oposición con el propósito de reorganizar a las fuerzas políticas afines y mantener vigente el proyecto político del bolsonarismo.

De manera sorpresiva, el martes 27 de octubre Flávio Bolsonaro huyó con su familia a Estados Unidos. Se va de Brasil frente al hecho de una investigación judicial abierta contra él. El magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, le había concedido el lunes a Bolsonaro 24 horas para entregar los pasaportes ante su supuesta implicación en una trama de blanqueo de dinero a través de apuestas digitales.

La situación de Bolsonaro es incierta y no queda claro si se quedará en Estados Unidos para evadir la justicia brasileña o en algún momento regresará a su país para enfrentar los cargos en contra suya. Por lo pronto, la huida revela que piensa que hay suficientes elementos para poder llevarlo a juicio.