El privilegio de la certeza

Rodrigo Morales
24 marzo 2026

La reacción presidencial frente al fracaso de su iniciativa constitucional en materia electoral es mucho más ominosa que la propia iniciativa.

Si la intención original era regresiva, la réplica y el berrinche confirman y potencian el autoritarismo. Veamos.

En lo primero que se insiste es que la democracia en México es cara, y las premisas para animar el dicho son que hay que poner orden en el gasto y tamaño de los congresos locales y los cabildos -nos deben, por cierto, la descripción del desorden-.

Al final del día, la Presidenta nos recuerda que el motor para mejorar nuestra deliberación pública es terminar con los privilegios.

La austeridad y la reducción de la pluralidad aparecen como los nuevos instrumentos para modernizar la democracia. Nos deben también un texto que ilustre que autoridades con menos recursos para ejercer sus funciones y actores políticos con menos espacios para ejercer sus derechos son sinónimo de ampliación de democracia.

Lo segundo que llama la atención en la propuesta, de la que hablamos sin conocer detalles, sino power points y filtraciones, es que atenta sin pudor contra el federalismo. Cuando el hoy grupo político gobernante fue Oposición, los mejores defensores del federalismo y su amplificación militaron ahí; hoy que son gobierno, impulsan un centralismo impresentable.

Reducir el tamaño de los congresos locales y los cabildos es un atropello a las atribuciones de estados y municipios que producirá un ahorro más que marginal y, en cambio, sí reducirá sustancialmente los espacios para recrear la pluralidad política.

Sin conocer los detalles en los procedimientos que se proponen, sí podemos anticipar una pesadilla logística el día de la elección al introducir dos novedades en el recuento de votos: la elección judicial, cuyo cómputo se realiza en las sedes distritales, y el inicio del cómputo distrital de la elección federal la misma noche de la jornada electoral. Por lo que se anticipa, los autores de la iniciativa no han estado en una sede distrital. Eso va a ser un desastre.

Y, por otro lado, se endiosan y desnaturalizan las consultas. Empatar la revocación de mandato con la elección federal es un despropósito que contradice el espíritu de la revocación y que colocará a la Presidenta y sus mañaneras en la contienda electoral, amplificando la ya de por sí gran inequidad electoral.

Pero además, abrir las posibilidades de consulta popular a un mayor número de temas es anticipar una guillotina política: cuando una reforma no transite por la vía legislativa, se podrá hacer por la vía de una consulta.

Contra la persuasión o el diálogo, todo el peso de la propaganda desde la mañanera. El monólogo como método.

En fin, queda manifiesto el desprecio que le tiene la Presidenta a los partidos políticos y, en general, a la política.

Desafortunadamente, ahora la credibilidad en las elecciones dejará de depender de reglas aceptadas por todos, procedimientos ejecutados con solvencia por autoridades creíbles, y dependerá de lo que la mañanera dictamine.

Nos despedimos de un privilegio, sí: el privilegio de la certeza.

El autor es consultor internacional en materia electoral.