El T-MEC continúa aún con asegunes
Por más que Trump quiere acabar con el magno tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, no puede. El ensamblaje de las tres economías es tan extenso y profundo que destornillarlo implicaría una crisis de largo plazo y, quizá, insalvable.
Y no es que tan sólo que Canadá y México defiendan sus intereses férreamente y por ello el T-MEC continúe, así se revise cada año, sino que poderosas industrias de Estados Unidos, empezando con la automotriz, así como los gobiernos estatales tan importantes como aquellos con una fuerte vocación manufacturera, agrícola y energética exigen que se mantenga, a pesar de que la mayoría de sus ciudadanos votaron por Trump. Las economías de Texas, Michigan e Indiana- dice el Newsweek- son las más expuestas y dependientes del intercambio con México y Canadá, seguidas de cerca por entidades como Nuevo México, Illinois, Ohio y Dakota del Norte.
Sin olvidar que México es el principal destino de exportación de California, con un comercio bilateral que supera los 34 mil 900 millones de dólares anuales. Es decir, para Trump y los proteccionistas de Estados Unidos sería extremadamente difícil dar por terminado un acuerdo comercial con Canadá y México.
Es más, los socios comerciales de Estados Unidos en el norte del continente ya el próximo año podrían negociar en mejores condiciones con la Casa Blanca si es que el Partido Republicano pierde las elecciones legislativas en noviembre, lo cual es muy probable.
En efecto, el que se tenga que revisar cada año el T-MEC no es lo ideal, porque puede generar incertidumbre y desalentar inversiones extranjeras y nacionales a largo plazo en México y Canadá, pero lo cierto es que los proteccionistas arancelarios de Estados Unidos no pueden acabar con los estrechos vínculos productivos y comerciales que hay entre los tres países.
Mister Trump y altos funcionarios de su Gobierno, empezando por su Vicepresidente J.D. Vance y el Secretario de Estado Marco Rubio, recurrieron a las acusaciones e información política contra gobernadores, legisladores y otros políticos mexicanos en el marco de las negociaciones del T-MEC, pero no hubo mayores efectos sobre sus resultados. Sin que esto quiera decir que vayan a dejar de hacerlo, al contrario, es posible que las presiones se intensifiquen una vez liberado el acuerdo comercial.
En la Casa Blanca, no cabe duda alguna, desean que el gobierno de izquierda con más respaldo popular en América Latina sea desplazado por uno ideológicamente afín.
Es cierto que el poderío de las organizaciones criminales en México desestabiliza parte del tejido social de numerosas ciudades de Estados Unidos e influye en muchas membranas del tejido político mexicano, pero no esto lo que más les preocupa, lo que realmente les genera ansias es que se consolide el gobierno de Claudia Sheinbaum y Morena pueda continuar después de 2030, y eso contagie el regreso de una nueva ola de gobiernos de izquierdas en América Latina.
Un ejemplo de que los gringos son capaces de negociar con políticos ligados al crimen es que primero apresaron y después liberaron al ex Presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, juzgado y apresado en Estados Unidos por narcotraficante. Y sí, pueden negociar con políticos izquierdistas, como en Venezuela, con Delcy Rodríguez, siempre y cuando se subordinen a sus intereses, pero si hay un mínimo de autonomía, como era el caso de Petro, en Colombia, o la hay en los ejemplos de Lula, en Brasil, y de Claudia Sheinbaum, en México, la Casa Blanca buscará cómo debilitarlos para sacar a sus partidos del poder.
El gran problema de México es que Morena les ha dado muchos argumentos para que los acusen de corrupción y colusión con criminales (con el PAN, PRI y MC, serían lo mismo pero, sobre todo los dos primeros, son partidos de derecha, más cercanos al corazón de Trump). Si el partido en el poder no aprovecha las próximas elecciones para escoger a candidatas y candidatos de los que no se sospeche que tienen ligas con el crimen organizado y no se han untado las manos con el erario público, ya no habrá nada que lo salve de un acoso incontenible de la Casa Blanca y lo empuje al abismo.
La Presidenta Claudia Sheinbaum está ante la mejor oportunidad de empezar a librarse del lastre que hay en su movimiento.
La Selección Mexicana derrotó el martes pasado a Ecuador, el rival más difícil de los primeros cuatro partidos en esta Copa Mundial y se desató una celebración épica en gran parte del País, incluso en Culiacán, atemorizada por la violencia criminal. Los mexicanos con esas enormes fiestas populares, que atraviesan a todas las condiciones sociales, demuestran que quieren recuperar los espacios públicos para la convivencia amistosa- a pesar de las lamentables muertes que ha habido en los festejos. Este campeonato deportivo ha servido, incluso, para que se hagan notorias internacionalmente las luchas de los familiares de los secuestrados y desaparecidos, a pesar de que el gobierno nos los recibe.
Si México triunfa sobre Inglaterra, lo que sería histórico en el futbol nacional, la celebración será mayúscula y la pregunta es: ¿toda esta energía popular desbordada qué cauce tomará? Si los mexicanos con un triunfo deportivo épico confirman que su personalidad colectiva ya no es sumisa, ¿ayudará a que surja una sociedad civil más crítica y potente contra el conjunto de la clase política mexicana?
Quizá sea mucho pedir.