El talento y el ego
El título de esta columna corresponde al quinto capítulo del libro “Inteligencia musical”, de Íñigo Pirfano, quien subrayó que un director de orquesta, y cualquier persona que ejerza una función de liderazgo, debe ser capaz de estimular el talento y frenar el ego.
Precisó: “El talento es algo que se debe estimular, potenciar y favorecer como garantía del éxito y viabilidad de cualquier proyecto que se acometa”. Sin embargo, nunca hay que ceder terreno a los desplantes del ego o divismo, que provienen de “una grave falta de madurez y de autoconocimiento. Las personas que se encuentran aquejadas por este mal resultan ridículas y tóxicas. Envenenan todo cuanto tocan, dejando la impronta de su patética altivez... El divismo es una enfermedad que hay que atajar con urgencia”.
Pirfano citó el ejemplo de dos grandes directores de la Filarmónica de Berlín: Herbert Von Karajan, quien fue titular durante casi cuarenta años, y Claudio Abbado, “el gentiluomo milanés”, quien lo sustituyó.
Karajan se dirigió con los ojos cerrados, concentrado en la música, pero sin mirar a sus músicos, quienes eran solamente un instrumento y parecían no importarle. Al morir Karajan, en 1989, fue sustituido por Abbado, quien “fue imponiendo poco a poco su liderazgo personal, amable y respetuoso, dialogante y creativo”.
El trombón solista, Mark Templeton, dijo de Abbado: “El es el jefe. Pero para los músicos de la orquesta es simplemente ‘Claudio’. No le gusta que le llamen ‘Maestro’”.
Escribió Pirfano: “El egoísta nunca es fuerte porque está solo y, por tanto, no tiene en quien apoyarse, tarde o temprano acaba cayendo de bruces. La persona de talento comprende, disculpa, pide perdón o ayuda, y cuando se equivoca, lo reconoce con sencillez y se apoya en los demás. Por eso es fuerte”.
¿Estimulo el talento?