El uso de la ironía
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La ironía es un fino recurso literario y filosófico que se utiliza para dar a entender lo contrario de lo que se está expresando. La etimología del término es clara al respecto, pues significa disimulo o ignorancia fingida, como la que utilizó sabia y ágilmente Sócrates, quien desconcertaba a sus interlocutores mostrándose ignorante para hacerles descubrir que la ignorancia de ellos era abismal.
El uso de la ironía permite decir las cosas de manera humorística, relajada, cortés y elegante, de forma que jamás se llegue a incomodar a la otra persona con exagerada agresividad. Cuando se excede ese límite, la ironía se transforma en sarcasmo, que ya es insultante y ofensivo.
Un ejemplo clásico del empleo de la ironía lo encontramos en un intercambio de mensajes entre Bernard Shaw y Winston Churchill, en el que resalta la sutil agudeza y el preclaro ingenio de ambos.
En una ocasión, George Bernard Shaw envío dos entradas para el estreno de una de sus obras a Winston Churchill. Según parece, el escritor irlandés no tenía demasiado aprecio al político, y también escritor, Churchill. Pero nobleza obliga y, a pesar de todo, hay que mantener los modales, lo que no implica que cierta ironía y malicia impregne el «apretón de manos».
Junto con las entradas para el estreno de la obra, Bernard Shaw remitió un mensaje que decía: “Le envío dos entradas para la obra, para usted y un amigo, en caso de que lo tenga”. Sin duda una puñaladita, suave y cargada de ingenio. Pero Churchill tampoco era hombre corto de ingenio y le contestó: “No podré ir el día del estreno. Iré a la segunda representación, en caso de que la haya”.
¿Uso adecuadamente la ironía? ¿Soy discreto, mesurado, elegante y fino en mis comentarios?
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@rodolfodiazf