El valor de vivir

Rodolfo Díaz Fonseca
14 octubre 2026

Todos, o al menos la mayoría, tenemos la aspiración de tejer una vida valiosa y digna, aunque no siempre lo consigamos. Decimos la mayoría, porque son minoría los que se conforman con un simple existir. El ideal, por el contrario, no estriba en el banal existir, sino que radica en encontrar valor en lo que hacemos y vivirlo con la máxima sabiduría.

Existir es dejar transcurrir, dejar que las cosas sigan su curso con cierta independencia y parsimonia. Vivir, en cambio, es extraer el tuétano de todas nuestras experiencias: convivir armónicamente, profundizar en nuestro conocimiento y espiritualidad, mejorar nuestro trato y gozar plenamente los momentos felices que aquilatamos y atesoramos, así como los terribles y dolorosos que son testimonio de nuestra contingencia y finitud.

Lo primero que debemos distinguir para aprender a vivir a plenitud es dónde está lo realmente valioso, que no son, ciertamente, las cosas en las que comúnmente se piensa: joyas, dinero, automóviles, fama, prestigio, mobiliario, residencias y un ejército de personas a nuestro servicio. Asimismo, no nos referimos a los viajes, negocios, títulos, estilo de vida y otras prebendas que podemos acumular al paso de los años.

Es lógico que cuando consideramos como valiosas estas últimas experiencias, no va a ser posible que alcancemos la satisfacción, alegría y bienestar. Lo valioso no consiste en tener, sino en aquello que nos permite ser y acrecentar este ser. Lo fundamental, volvemos a reiterar es el vivir, que se resuelve en la fórmula fundamental: ¿cómo vivir?

En efecto, no es lo mismo tener una buena vida (como lo entiende la mayoría de las personas que alcanza determinado status de bienestar), que tener un buen vivir a través de una buena educación, como lo han enseñado las más antiguas filosofías humanistas.

¿Sé cómo vivir?