El veranillo de la vida

Rodolfo Díaz Fonseca
14 julio 2026

En la columna anterior anticipé el tema de la filosofía de Serrat, pero no alcanzó el espacio para tratarlo por hacer comentarios sobre la canción “Philosopher” y la película “El camino del guerrero”. Hoy saldo mi deuda.

Serrat fue invitado a participar en un congreso celebrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, el 12 y 13 de marzo, sobre el envejecimiento, donde se abordó el tema: “¿Un derecho civil para las personas mayores? Repensar las instituciones atendiendo a necesidades nuevas”.

Comenzó reconociendo que la mayoría de la “gente quiere lucir joven. Verse en el retrato de Dorian Gray”. Añadió: “Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Bruckner llama el veranillo de la vida. O sea, ese tiempo de propina en que, a menudo, el alma suele conversar con sí misma. Este es un buen momento para soltar el alma”.

Subrayó que a los viejos se les tacha de personas de baja capacidad, talento o preparación: “Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos. En tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades”.

Lamentó que a los ancianos se les abandone a la soledad en esta sociedad insolidaria: “una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil. ¡Es como quemar los libros! ¡Es destruir la memoria!”

Prosiguió: “Vivir más años no significa vivir mejor. Pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida. Y queremos hacerlo con dignidad. Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles”.

¿Preparo mi veranillo?