El veranillo de la vida
En la columna anterior anticipé el tema de la filosofía de Serrat, pero no alcanzó el espacio para tratarlo por hacer comentarios sobre la canción “Philosopher” y la película “El camino del guerrero”. Hoy saldo mi deuda.
Serrat fue invitado a participar en un congreso celebrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, el 12 y 13 de marzo, sobre el envejecimiento, donde se abordó el tema: “¿Un derecho civil para las personas mayores? Repensar las instituciones atendiendo a necesidades nuevas”.
Comenzó reconociendo que la mayoría de la “gente quiere lucir joven. Verse en el retrato de Dorian Gray”. Añadió: “Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Bruckner llama el veranillo de la vida. O sea, ese tiempo de propina en que, a menudo, el alma suele conversar con sí misma. Este es un buen momento para soltar el alma”.
Subrayó que a los viejos se les tacha de personas de baja capacidad, talento o preparación: “Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos. En tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades”.
Lamentó que a los ancianos se les abandone a la soledad en esta sociedad insolidaria: “una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil. ¡Es como quemar los libros! ¡Es destruir la memoria!”
Prosiguió: “Vivir más años no significa vivir mejor. Pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida. Y queremos hacerlo con dignidad. Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles”.
¿Preparo mi veranillo?