Élmer Mendoza: Premio que irradia
El Ibargüengoitia reanima a Sinaloa

Alejandro Sicairos
06 marzo 2026

A cualquier sinaloense que quiera tomar bríos para rehacer la esperanza de salir bien librados de la violencia por la narcoguerra, le resultará útil aferrarse a la bandera de paz que significa el Premio Jorge Ibargüengoitia que la Universidad de Guanajuato le otorga al emérito novelista y cuentista Élmer Mendoza, aquel bato de la colonia Rosales que sin más indumentaria que la prosa emergió desde el barrio culichi para colocarse él y su obra en altos pedestales de la gloria internacional y nacional.

Como siempre ha sido, a Élmer Mendoza no se le puede considerar la luz al final de ningún túnel penumbroso porque la dimensión que adquiere lo convierte en enorme faro seguro para navegantes con bitácoras de civilidad y certidumbres. Sus letras transforman la realidad facinerosa que nos rodea, en piezas literarias donde la identidad de la gente del tomate y el chilorio, del venado y el delfín y del beisbol y la tambora sea redescubierta por el mundo.

El escritor sin ínfulas que le es fiel a la tierra que lo vio nacer al regresar siempre a la cuna a construir bases sociales en las cuales el pensamiento humanista impida que las tempestades del tipo que sean colapsen la perspectivas de concordia y coexistencia, estructuras permanentemente crujientes por el peso de la irracionalidad. El que los laureles no le impiden guiar los sueños en trayecto hacia la insondable región de las palabras.

A partir de su semiótica universalizada nos lleva de la mano a entornos donde nuestra envoltura frágil de sociedad atemorizada transmute a la gruesa cubierta de pueblo culto y ciudadanos talentosos que desde el tesón lícito signifiquen el escudo de dignidad y entereza que protege a Sinaloa. La cultura y las artes como el mayor patrimonio que podemos sacar a relucir si alguien pretende atribuirnos el falso distintivo de aldea atroz y salvaje.

Hay poco que agregar porque por Élmer Mendoza hablan sus libros y reconocimientos siendo los casos de las novelas y cuentos “El zurdo Mendieta”, “Un asesino solitario”, “Mucho que reconocer”, “El amante de Janis Joplin”, “Cada respiro que tomas” y “Balas de plata”, así como los premios de Literatura José Fuentes Mares 2002 y Tusquets de Novela 2007. Además, con exacta pertinencia el escritor de la ColPop le señala a Sinaloa los atajos que la evacúen de la barbarie de hoy, llevándola de la mano a zonas en las que vuelva a relumbrar por sus fortalezas.

Qué bien le viene a Sinaloa el Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia que, aunque lo recibe el acreedor, desde allí se expande en todo el territorio de los once ríos como agua limpia y fresca que lava los afluentes de toda mácula dejada por la triste fama que desde septiembre de 2024 implosiona como nunca antes. El galardonado y su amor al terruño logran la hazaña de comprimir el ruido de las balas e inflar la resonancia de las jornadas a favor de la civilidad.

¿Qué nos queda del Jorge Ibargüengoitia a los sinaloenses? La provocación a sentir el efecto aleccionador de la cultura echando abajo el catastrofismo que ciega e inmoviliza. Siempre con la acotación pertinente donde Mendoza advierte que la oralidad también puede ser una emboscada. Honor a quien honor merece, pero a Sinaloa también le hacía falta esa joya agregada a la corona de Élmer, para los fines que convengan a una sociedad sobresaltada.

Es bueno viajar del azoro democratizado por la violencia, a la serenidad de darnos por enterados de que un paisano sube a los pódiums reservados para el placer de los pertinaces que buscan oportunidades, las toman y se alzan como paradigmas a imitar. Confiar en que con tenacidad unificada podemos la sociedad civil reescribir la historia del Sinaloa pacífico, así hayamos destruido mil hojas en blanco porque el tono albo del papel nos pareció también amenazante.

Y para crecer los arrestos, repasemos al menos el discurso que Élmer Mendoza pronunció el 30 de abril de 2012 al ingresar a la Academia Mexicana de la Lengua: “El mundo es una fuente de palabras que escuché desde siempre pero que se escurrían cuando quería fijarlas en papel o en la pantalla. ¿Cómo conseguir que esas palabras callejeras quedaran en las líneas ocupando un sitio que sintieran propio y no escaparan a la primera provocación? Escuchándolas, después haciéndolas sentir que ese era su sitio, el lugar propio que es en el que se está mejor porque se oyen mejor”.

En Sinaloa el crimen aprieta,

Y sólo tú puedes, Élmer Mendoza,

Poner al frente al Zurdo Mendieta,

De esta operación peligrosa.

Nada tiene que ver con la realidad política mazatleca la puesta en escena de la ópera “Un baile de máscaras”, el 13 y 14 de marzo en el Teatro Ángela Peralta, que el director de escena Rodrigo Caravantes resume como dos individuos que a través de la idealización de una idea de lo que es el amor pueden llegar, sin ni siquiera estar juntos, a amarse de esa manera donde la mujer se vuelve un objeto del sistema para poder tener este conflicto con la contraparte, que es el poder antagónico, para poder derrocar un gobierno”. Hey, no se confundan: nada que ver con las tramas de desafueros de alcaldes que ha presenciado Mazatlán en su historia reciente, pues se trata de la obra que le fue censurada a Giuseppe Verdi y que desde hace 30 años no se presenta en México.