Empatía y simpatía

Rodolfo Díaz Fonseca
10 julio 2026

Es común encontrar libros y ensayos en que se afirme que experimentar empatía es algo mayor que la sola simpatía.

Normalmente, se dice que sentir simpatía es tener un sentimiento benévolo hacia la otra persona, pero que la empatía va más allá y se coloca en el lugar de la otra persona, para experimentar lo que ella vive y comprenderla totalmente; es decir, ponerse en los zapatos del otro.

Robert Vischer fue el primero en utilizar el término empatía (Einfülung, en alemán), que significa “sentirse dentro de”. Esta inmersión en el otro se posibilita por las “neuronas espejo”, como les nombró el neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti. Incluso, el biólogo molecular argentino Estanislao Bachrach afirmó: “Somos seres emocionales que aprendimos a pensar, no máquinas pensantes que aprendimos a sentir”.

Walt Withman llegó a precisar: “No pregunto a la persona herida como se siente. Yo mismo me convierto en la persona herida”. Palabras más, palabras menos, fue también lo que afirmó Alfred Adler: “Mira con los ojos de otro, escucha con los ojos de otro y siente con el corazón de otro”. Podría, pues, decirse que es la capacidad de estar totalmente abierto al otro, como mencionó Barack Obama: “Aprender a estar en la piel de otro, a ver a través de sus ojos, así es como comienza la paz. Y depende de ti hacer que ocurra”.

Sin embargo, Íñigo Pirfano retornó a la significación original, cuando escribió: “yo creo que mucho más importante que la empatía -y más difícil de conquistar- es la simpatía. Y de ello se habla muy poco”.

Y recordó la definición de simpatía en la ciencia física: “relación entre dos cuerpos o sistemas por la que la acción de uno induce el mismo comportamiento en el otro”.

¿Soy empático y naturalmente simpático?