En el desorden, la reconciliación

Rodrigo Morales M.
21 enero 2026

La crisis desatada tras la intervención de Estados Unidos en Venezuela está lejos de solucionarse y más bien cada nueva declaración de Trump o nueva acción anunciada no hace sino profundizar la incertidumbre. Los referentes internacionales, los contrapesos, las formas han sucumbido hasta el absurdo: el único límite que reconoce el Mandatario estadounidense es su propia moral.

En este desorden, México enfrenta amenazas cotidianas complejas de administrar. Lo que la detención de Maduro nos alertó es que la administración Trump está dispuesta a violentar cualquier orden con tal de ejercer la defensa a lo que considera amenazas a su seguridad nacional, y ello es especialmente grave, pues más allá de las cifras que cotidianamente le ofrezca la Presidenta sobre avances en decomisos, detenciones u operativos, Trump ha insistido que los cárteles (la amenaza a su seguridad) son quienes en realidad gobiernan este país.

Para decirlo de otra manera: la credibilidad del compromiso de la Presidenta para terminar con el narcoestado pasa por apresar a alguna de las muchas figuras políticas que las autoridades estadounidenses han identificado como vinculadas con la delincuencia organizada. Y muchas de ellas están vinculadas al primer círculo de Morena.

El poderío descrito para poder llevar a cabo el huachicol fiscal, la extensión de las actividades ilícitas de la barredora, la impunidad del crimen organizado en Michoacán o las menciones a México en el expediente abierto a Nicolas Maduro, no se corresponden con el nivel de detenciones efectuadas hasta ahora. Pareciera que para que las acciones sean efectivamente disuasivas y creíbles es necesario no sólo hacer los decomisos, sino apresar a personajes más relevantes que choferes o vigilantes.

No hay duda de que cualquier acción en contra de los políticos encumbrados señalados por sus vínculos con la delincuencia organizada significará un trámite doloroso para la coalición gobernante, pero cada vez parece más ineludible. Frente a ello me parece que, así como reclamamos a nivel internacional la reconstrucción de mecanismos de conciliación y mediación, bien haríamos si también los procuramos a nivel doméstico.

Mucho ayudarían a procesar lo que parece una inevitable crisis en el modo de funcionar que hasta hoy le conocemos a Morena. Ojalá se entienda que la reconciliación interna también nos fortalece afuera.