Entre todos, pacificar a Sinaloa
Ahora es cuando, Gobernadora

Alejandro Sicairos
01 septiembre 2026

A la Gobernadora Graciela Domínguez Nava la espolea el reloj político frente a la emergencia de darle forma a la gran alianza social que concrete los niveles de seguridad pública más allá de las habituales promesas de pacificación y ajustes de los índices delictivos a la baja que el Gobierno presume y los ciudadanos no percibimos. Al iniciar la cuenta regresiva hacia los dos años de narcoguerra, lo crucial está en darle un vuelco radical a la narrativa de cuentas alegres oficiales y sinaloenses sin fuerzas ni fe en la tesitura de soportar mayores lastimaduras.

Las 60 semanas que le restan al período sexenal en curso, si es que le toca finiquitarlo a ella, le alcanzarán apenas a Domínguez para armar el andamiaje de la enorme obra reconstructiva a concluir en dos o tres décadas, misión que motive y active el trabajo codo a codo para erigirle edificios sólidos a la tenacidad pacifista. Cada componente de la participación ciudadana operaría como la viga de acero que sostenga firme la estructura de la paz positiva y duradera.

Todo depende de que Gobernadora apresure la implementación y resultados del Plan Integral de Seguridad y Gobernabilidad diseñado con la sociedad y desde el primer momento garantice que estará junto a ella el régimen autodenominado Cuarta Transformación, y certifique que llegó a su fin la obstinación gubernamental de hacerlo todo sin los sinaloenses, inclusive a espaldas de éstos. Impensable extender el soliloquio del aparato público que le apuesta a salidas que conducen a nuevas barbaries exacerbadas.

La prioridad inmediata consiste en sentar en la mesa de acuerdos a los sectores que cada uno son el engranaje indispensable en la maquinaria de paz para Sinaloa. Someter a los criminales y reponer las condiciones para la convivencia armónica que sólo es posible con la protección del Estado, es la única asignatura que la población le reconocerá a Domínguez Nava, independientemente de la agenda consuetudinaria que le corresponde desahogar en la titularidad del Poder Ejecutivo.

Acudir indivisibles con denuedo positivista en el escenario en el cual todos somos víctimas, sin excepción. Ir convencidos de que Sinaloa nos necesita desprovistos de apetitos ajenos al objetivo vital de remendar el tejido social y sin más intención que colocar el interés común como eje de las grandes causas generales. Clausurar el ciclo de coterráneos de bien que caen por los fuegos cruzados entre los sicarios del narco e inaugurar la etapa en que los de manos limpias y frentes en alto dirijamos las reparaciones.

A estas alturas del prolongado conflicto entre células del narco, extenso en el tiempo y terrible por el número de víctimas, no será difícil estructurar el modelo de rescate de la entidad siempre y cuando haya la voluntad, disponibilidad de recursos y adquiera vigencia el marco jurídico, tres cosas hasta hoy inconclusas. Con la aclaración pertinente, recalcada, de que si no va la sociedad como acompañante de peso entonces estaría fraguándose un fracaso más.

La llegada de Domínguez al timón estatal generó una atmósfera de confianza, voto de fe, en que ella es la indicada para coordinar los afanes veraces en pos de la certidumbre y la gobernabilidad. Dicho bono de esperanza, de corto período de caducidad, es lo que posee de manera tangible para presidir políticas públicas de tipo social, económico y político a manera de balsas de salvación que aparecen en la presente coyuntura del naufragio sinaloense. Aunque los ciudadanos, desconfiados y atemorizados, creen que se trata de espejismos propios del hartazgo por la violencia.

La oportunidad, hay que decirlo claro, es como pompa de jabón que gravita a duras penas en la compleja atmósfera en la cual el choque entre células rivales del Cártel de Sinaloa impide oxigenar la coexistencia en concordia y ocasiona que nada bueno germine entre el fuego y humo de la gran conflagración en el narco, terreno yermo de raciocinio sobre el que la opinión pública expele a diario llamados al cese de hostilidades.

Pero existen bastantes organizaciones empresariales, colectivos cívicos y bríos en lo personal o fusionado que han trazado durante los meses atroces la bitácora y construido las brújulas que lleven a la tierra de los once ríos a salir del doceavo afluente, el de sangre, antes de que los espíritus de más de tres mil muertes y la aflicción por la estadística mayor a 4 mil desapariciones forzadas nos atrapen en la consternación o nos aprisione la resiliencia. La devastación de empresas generadores de fuentes de empleo y el impacto de ello en la subsistencia familiar pulverizan los sueños de jóvenes y niños que imaginan mejores futuros.

El tiempo pasa, va que vuela,

Más veloz que la impaciencia,

Con manecillas de violencia,

Que espolean a Graciela.

El sábado atacaron a una madre rastreadora y su hija en el contexto del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones forzadas y ayer en el inicio de actividades del ciclo lectivo 2026-2027 el miedo infiltró el sistema escolar en Sinaloa por las pintas, vandalismo y colocación de un arreglo floral fúnebre en el acceso a una institución de educación privada del sector Villas del Río, ambos eventos intimidatorios en Culiacán. Esto lleva a la interrogante de tipo delirium tremens de si el crimen organizado tiene marcadas en su calendario infractor las fechas emblemáticas de las actividades legítimas de los sinaloenses o se trata de meras coincidencias. A la Fiscalía General del Estado le compete responder la pregunta.