Entreguistas, transformadores e inexistentes
México enfrenta uno de los momentos más delicados y complejos en la relación bilateral con Estados Unidos, y las señales desde el Gobierno federal cuando menos desconciertan. La semana pasada, la Presidenta se reunió con legisladores aliados y les pidió que hicieran trabajo territorial para explicarle a la nación que sólo había dos proyectos de nación en disputa: el de la transformación y el entreguismo.
No parece que el maniqueísmo y la polarización sean las mejores estrategias para hacerle frente a un problema que reclama matices. Veamos. Si usted cree que algunos gobiernos de Morena pueden tener vínculos con la delincuencia organizada, pero reprueba la intervención de gobiernos extranjeros, es usted inexistente. Si usted piensa que la defensa de la soberanía no pasa por encubrir ni a Rocha Moya ni a Genaro García Luna, de nuevo usted es inexistente.
Para la Presidenta sólo existen ellos y sus enemigos. No hay matices. Un problema es que, con esa idea de cerrar filas de manera incondicional, se vuelve creíble la premisa de que si cae uno, caen todos. Y con ese método, garantizar la impunidad para todos se vuelve muy costoso. Cerrar filas sin matices es también abonar a la idea de que nuestro País está siendo gobernado por la delincuencia organizada.
A menos que se estén activando negociaciones más finas y discretas que abonen a la disminución de las tensiones diplomáticas existentes, es difícil entender la estrategia oficial. Casi nadie cree que subir el volumen al discurso de la soberanía vaya a impedir que nuestros vecinos sigan haciendo señalamientos que involucren a destacados miembros de la clase política gobernante.
Por lo pronto, la relación se sigue tensando: los 53 consulados en Estados Unidos están sujetos a revisión, los tiempos del Tratado siguen su marcha, los operativos antiinmigrantes no se interrumpen; en fin, el discurso del Gobierno de México no ha contenido ninguna de las acciones y amenazas de nuestro vecino.
Y no sólo eso, los distractores que se han pretendido sembrar (BTS en Palacio, cambio de horario escolar, Hernán Cortés, etcétera) no han conseguido desviar la atención, y además los problemas domésticos se siguen acumulando: el Día de las Madres tiene ahora el reclamo de las desapariciones forzadas; el Gobierno de Zacatecas reprimió a productores y estudiantes; en Guerrero se registran desplazamientos por el avance de la delincuencia organizada; la inobservancia de la austeridad republicana sigue siendo norma entre quienes integran la llamada Cuarta Transformación, y un largo etcétera.
La solución para los problemas, me parece, no corresponde en exclusiva ni a los transformadores ni a los entreguistas; tal vez la presidenta debería empezar a voltear a ver (reconocer) a los inexistentes.
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El autor es consultor internacional en materia electoral.