Entrevista con el fotógrafo Joaquín Castillo
01 mayo 2017
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Joaquín Castillo tiene 19 años. Nació y creció Castillo en Mazatlán, Sinaloa. Estudió en el Instituto Cultural de Occidente y ha trabajado en la Semana de la Moda de la Ciudad de México, París y Milán, además de haber publicado en Vogue México, la revista española Neo 2, la revista británica Dreamingless, la revista mexicana Totem, además de colaborar con las blogueras de moda Pamela Allier y Fernanda Medina. Su cuenta de Instagram @thejoaquincastillo tiene casi 43 mil seguidores.
Lo entrevisté por videollamada (ya que está viviendo en Londres) y desde el primer minuto me llamó su atención la forma en la que no puede deshacerse de la muletilla wey que comparten millones de mexicanos. Su acento es una curiosa mezcla del acento sinaloense y el tonito que utilizan los fresas de la capital al hablar. Ya que en Inglaterra eran casi las dos de la mañana no quise atrasar la plática más tiempo y empecé a bombardearlo con preguntas.
La primera vez que supe que Joaquín fue en la secundaria, por lo que quise saber cómo fue que nació su interés por la fotografía a tan corta edad.
-Desde chiquito he sido muy creativo. Todo empezó de broma, como que “ay me gusta tomar fotos”. La verdad la cultura pop ha sido muy importante en mi vida [...] me inspiraba demasiado verlo y dije estaría cool hacerlo yo también. Pero bueno básicamente empezó por mi amor a la cultura pop. Todo empezó cuando tenía ocho años, ni creas que 14, y le tomaba fotos a todo porque yo me creía el gran fotógrafo. [...] nunca pensé en dedicarme a eso, hasta me daba pena porque era algo raro para un niño de mi edad, lo veía cómo algo imposible ¿sabes?
El nombre de Joaquín empezó a circular en las redes sociales de los mazatlecos entre 2009 y 2010, cuando comenzó a colaborar con revistas como Gloss y Faces Magazine y a fotografiar jóvenes conocidas dentro de ciertos círculos sociales. Joaquín comentó que fue difícil recibir atención por una actividad que veían “fuera de lo normal” para un hombre de su edad.
“¡Claro! ¡La Faces Magazine! Te lo juro que yo era el más feliz. Para mí fue algo big deal. Yo tenía como 14 o 15 años y fue mi primera sesión de moda. De hecho ellos me ayudaron mucho para creer en mí mismo, porque les encantaba lo que hacía. Y así empecé, así me introduje a la fotografía de moda. Pero todavía no me la creía aunque me encantaba. Iba a comprar la ropa, escogía a la modelo, dirigía el proceso. Y eso es lo que hago ahora todos los días. Eso me dio más hambre para crecer y crecer más”.
Al graduarse de la preparatoria en 2015 Joaquín se mudó a la Ciudad de México como plan b al no poder irse a la New York Film Academy a pesar de haber obtenido una beca. En la capital mexicana empezó a involucrarse más a fondo con el mundo del modelaje y la fotografía profesional.
“Nunca he sido conformista pero era sí una opción más segura que Nueva York [...] De un año atrás yo ya viajaba mucho a DF y ya conocía a algunas personas. Estuve un año y medio en la capital”.
Pensando en el futuro, Joaquín recuerda cómo fue retratar a las mazatlecas y como su belleza y espontaneidad le ayudaron considerablemente para desarrollar su carrera.
“Si yo no hubiera tenido la oportunidad de fotografiar a las mazatlecas nunca hubiera llegado a nada. Siento que yo no soy quien soy en todos los sentidos si no hubiera tenido a Mazatlán. La gente que más me apoya es de Mazatlán. Son lo que me escriben y me dicen que me quieren y que les encanta que esté creciendo tanto son de Mazatlán [..] siento que los mexicanos te quieren dar para abajo pero en Mazatlán hay gente que me apoya en todos los sentidos”.
Joaquín explica que dejar Mazatlán fue difícil aunque considera que está hecho para las ciudades grandes. El dejar su hogar y su zona de confort para adentrarse a una caótica metrópoli lo hizo llegar a una especie de realización en la que sintió que sólo quedaban él y el mundo.
“Aquí en Londres he encontrado a personas que me han tratado súper bien, que me han abierto las puertas, y si pienso en mi familia y en Mazatlán pero siento que están aquí conmigo, apoyándome [...] pero estoy aquí porque he trabajado muy duro, se me abren puertas porque me he tocado miles. La gente que critica es la gente que quiere hacer cosas pero no tiene los huevos para hacerlas”.
Concluye que a pesar de que creció como una persona un tanto peculiar en una ciudad relativamente pequeña, el puerto le forjó carácter y personalidad para soportar las burlas y los rechazos de gente de su edad que no lo comprendía, en parte por la inmadurez y la inexperiencia típica en la adolescencia. Agradece a Mazatlán ser su motor y su primera fuente de inspiración.
“Yo pude llegar a donde llegué en México porque tenía de respaldo a Mazatlán. Gracias a eso pude crecer, fue eso lo que me impulsó. Quiero agradecer muchísimo a las revistas que me abrieron las puertas en Mazatlán porque si no hubiera pasado yo no hubiera creído en mí. Me dieron la oportunidad de crear. Me estoy formando como Joaquín Castillo, fotógrafo de moda, gracias a Mazatlán. Por la ciudad puedo hacer lo que amo y seguir desarrollando esta pasión que me permite compartir la forma en la que veo al mundo. Y ahora (a diferencia de antes) lo veo todo tan cerca. Estoy a un paso de lograr mis sueños”.
La autora es mazatleca, tiene 19 años y estudia periodismo en la Escuela Carlos Septién
Twitter: Aless_SaLo