Envenenar la esperanza

Rodolfo Díaz Fonseca
12 mayo 2026

El aire que se respira en Sinaloa, y en particular en Culiacán, se torna irrespirable. La expresión es metafórica, lo que deseamos afirmar es que no se antoja ver el futuro con esperanza y optimismo, pues parece que un pesado sopor invade nuestra alma. No alcanzamos a procesar las informaciones que recibimos, ni se nos permite valorar con precisión las toneladas de datos que se nos arrojan, contrastantes la mayoría de las veces.

Nos remitiremos al tercer capítulo de la autobiografía del Papa Francisco, para recoger unas palabras que nos ayuden a salir de este asfixiante ambiente: “Vivimos tiempos en los que parece que resucitan y se difunden sentimientos que muchos consideraban superados: de recelo, de temor, de desprecio, incluso de odio hacia individuos o grupos a los que se considera diferentes por su etnia, nacionalidad o religión. Son sentimientos peligrosos e insanos, que inspiran además actos de intolerancia, discriminación, violencia y negación de la dignidad de las personas y de sus derechos fundamentales”.

Añadió: “Me preocupa que en el mundo de la política se caiga en la tentación de instrumentalizar los miedos o las dificultades objetivas para brindar falsas promesas y por intereses electorales miopes”.

El Papa Francisco recordó la enseñanza del amor fraterno de Jesús y fue muy tajante al afirmar: “Si somos incapaces de amar a Dios en lo concreto, esto es, en los hermanos, en todos, no solo en aquellos que nos caen bien, o quienes nos parecen más semejantes a nosotros, o más útiles, no es cierto que amemos a Dios. Somos unos mentirosos”.

Finalizó el capítulo precisando: “El odio, la división y la venganza no hacen más que envenenar la esperanza, y nos privan de todo aquello que seguramente querríamos defender, de aquello que amamos”.

¿Enveneno o alimento la esperanza?