Escena famosa

Guillermo Fárber
24 julio 2023

Odesa, “la perla del Mar Negro”, se piensa como la pieza siguiente de la expansión rusa (y aliados) sobre Ucrania (y aliados), después de Bahmut, Advika, Jersón et al, si las fuerzas rusas acaban por “ganar” esa absurda y decisiva guerra.

Esta es la escena cumbre de aquella película propagandística soviética de 1925 que tanto nos fascinó a los alumnos de cine en 1969. Entonces aún no terminaba yo de distinguir entre afición y vocación, y todavía creía que se me destinaba un futuro en la dirección cinematográfica, porque me gustaba ir al cine (llegué a ver cinco películas diarias, pero hace años que no voy, incluso antes de la plandemia, dado que ya le perdí el gusto a esta muy manipulable actividad, llena de objetivos políticos o de ingeniería social cada vez más abiertos).

La escalera de Odessa: la secuencia de El Acorazado Potemkin que cambiaría el montaje de cine para siempre

Actualizado 13 Septiembre 2018, 08:30

Por Esther Miguel Trufa @flamencastone

https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/la-escalera-de-odessa-la-secuencia-de-el-acorazado-potemkin-que-cambiaria-el-montaje-de-cine-para-siempre

“En el cine clásico hollywoodense previo a los años 70, una película normal, de 110 minutos, tenía entre 300 y 700 planos. La duración media de cada uno de esos planos era de entre 22 y 9 segundos. Antes de la llegada de las herramientas digitales de edición de las que disfrutamos ahora, cada corte debía ser tratado manualmente, cada pieza del montaje perfectamente estudiada antes de ser incorporada al producto final. Dirigió Serguéi M. Eisenstein en 1925 una película con más de mil 100 planos en 80 minutos. En apenas una secuencia de la película se concentraron 170 de estos cortes dando forma al referente más célebre de la historia del montaje cinematográfico.

Eisenstein, bolchevique militante, creía en el poder de la imagen fílmica como motor de cambio social. Frente a esa visión del cine que tenemos a día de hoy como entretenimiento alienante con protagonistas individuales e idealizados, para este teórico el cine debía servir para hacer la revolución, para representar al pueblo como sujeto uniforme. Un tributo a las masas como motor de esa Historia en la que la tesis, antítesis y síntesis hegeliana lo ha gobernado todo.

Para lograr este objetivo político se apoyó en planteamientos estéticos. En una particular teoría del montaje por la que las imágenes no simplemente se enlazan, sino que pueden yuxtaponerse y manipularse para crear conflictos ópticos y modular así a voluntad las emociones de los espectadores.

Es decir, que en aquellos bisoños instantes de la historia del séptimo arte supo adoptar las lecciones del maestro ruso Kuleshov y del trabajo narrativo de Griffith, pero ampliando estas posibilidades expresivas, cosa que demostró en su segundo largometraje, El acorazado Potemkin.

A Eisenstein se le conoce como el padre del montaje en buena parte por lo que vemos en este filme de propaganda del régimen soviético, basado en la historia real de un motín de la armada naval rusa que derivó en protesta y masacre policial. La secuencia de las escaleras de Odessa ocupaba tres hojas del guión original, pero el trabajo que llevó detrás no puede reducirse a esas esquemáticas páginas. En ella vemos al pueblo siendo atacado por el impasible ejército en la escalinata de Odessa, junto al puerto, con el Palacio de Gobernación al fondo. Los escalones se convierten casi en un muro vertical de indefensión del pueblo frente a las fuerzas zaristas”.

https://youtu.be/8QhmCRFsj6k