Escuela, una víctima más en Sinaloa
Frenar la violencia contra educación

Alejandro Sicairos
03 septiembre 2026

Había presentado por la mañana la organización Mexicanos Primero Sinaloa la investigación “Días sin clases” que destaca el abandono de las aulas principalmente por miedo a la violencia, cuando resurgió la deplorable amalgama de nota roja y educación, esa aberración que remarca los rasgos de sociedad rupestre con balas en vez de gises y lápices rotos donde debieran existir letras articuladas que signifiquen paz. Espacios reservados para la inteligencia, la agresión enuncia el llamado a que la escuela resista aferrada a los ciudadanos pacíficos.

El equipo de MPS, dirigido por la Directora General Nuria González Elizalde, documentó que durante el ciclo escolar 2025-2026, en 105 de los 185 días del calendario escolar, que representa el 57%, hubo al menos una escuela con suspensión de clases por motivos operativos en 116 casos, violencia e inseguridad en 111, y fenómenos climáticos en 154. Este estudio propone que las interrupciones escolares dejen de observarse como hechos aislados y cuenten con seguimiento y evidencia para orientar a mejores decisiones.

El informe presentado a un público plural explica que Los cinco municipios con más eventos documentados fueron Guasave con 55; Navolato con 54; Ahome con 46; Culiacán con 29 y Concordia con 21. Por el tipo de causas en Guasave y Ahome destacaron los problemas operativos, mientras que en Navolato, Culiacán y Concordia registran mayor presencia los relacionados con violencia e inseguridad.

Lamentablemente no tardó mucho tiempo la evidencia reincidente que apremia a la toma de soluciones. Casi de manera simultánea sucedió el ataque de ayer con armas de fuego en las inmediaciones de Ciudad Universitaria que privó de la vida a un estudiante de la Facultad de Contaduría y Administración, en la misma secuencia que el lunes reportó vandalismo, amenazas y la colocación de un arreglo floral fúnebre en un Colegio Particular, ambos sucesos de violencia en Culiacán.

Con todo y lo lastimada que está la educación en Sinaloa, y con el abrazo a las víctimas y la exigencia de que la impunidad coadyuve a sanar las heridas, importa refrendar el llamado a que los sinaloenses hagamos prevalecer la vital contribución de los centros escolares como la gran apuesta fusionada en la construcción de la concordia que acompañe a niños y jóvenes competitivos en labrarse un mejor futuro.

Es que distraídos en narrativas violentas que nos arredran, hemos descuidado esa especie de piedra filosofal que ordinariamente tenemos al alcance para transformar la incivilidad en la anhelada tranquilidad y legalidad como plataforma de tiempos formidables. Los sistemas de enseñanza debidamente valorados e impulsados sí pueden desmontar los imperios de las armas e incultura para fundar al fin los poderíos del saber y conocimiento.

Las cicatrices vivenciales en estudiantes, maestros y familias laceradas por la llamada narcoguerra, certifican que cuando los sucesos de plomo y sangre entran a los sagrados recintos pedagógicos no es extraño que en alumnos, maestros y padres de familia se instale la desesperanza porque falla el eslabón crucial de la sociabilidad pacífica. Los jóvenes principalmente tienen que resolver el dilema de aferrarse a sus vocaciones profesionales o formarse en las filas de los desertores a expensas de que el crimen los reclute en porvenires sin duda fatales.

Por ello, frente a las acometidas de la delincuencia vale recalcar los esfuerzos educativos titánicos como los que realizan la Universidad Autónoma de Sinaloa para atender el cien por ciento de la demanda en los grados medio superior y superior no obstante la insuficiencia financiera que enfrenta; la matriculación de once mil nuevos alumnos en el Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa, y el ingreso y regreso a las aulas de más de 572 mil educandos que cursan el nivel básico.

La enseñanza pública también vive tiempos complicados y aún vienen varios desafíos para evitar que unos cuantos facinerosos trunquen las ilusiones de casi un millón de niños y jóvenes por ser ciudadanos ejemplares y proyectar a Sinaloa al desarrollo con la viabilidad que deriva de la estabilidad. Es verdad que resulta difícil estructurar planes a largo plazo al ver que la mano delincuencial trata de derribar el edificio educacional con golpes de terror, pero la transición del azoro a la acción concertada resulta impostergable para fortalecer el aparato educativo como muralla que detendrá la involución al modo neandertal.

En esto no podemos rendirnos. La batalla por defender la educación tenemos que ganarla, sí o sí.

El alfabeto de las balas,

No cabe en la educación,

Pues plantea la contradicción,

De ser aves de paz sin alas.

El atentado que civiles armados dirigieron contra el Coordinador de Protección Civil de Mazatlán, Óscar Osuna Tirado, al mismo tiempo que sesionaba en el puerto el Gabinete de Seguridad estatal, reunión a la que supuestamente se dirigía el funcionario municipal, remarca la sensación de inseguridad que arraiga en los mazatlecos que atestiguan el despliegue de centenas de militares, marinos y guardias nacionales, pero lo que no ven llegar son los indicios que les hagan sentirse seguros. Por fortuna, la agresión no derivó en consecuencias mayores y el daño principal tiene que ver con el mensaje que la delincuencia les dirige a los gobiernos federal y estatal. ¿Hasta cuándo la seguridad pública Presidenta Claudia Sheinbaum y Gobernadora Graciela Domínguez?