Espiritualidad de la poesía
En la contraportada del libro de Cecilia Pablos: “Solo se trata de este cielo”, publicado por Andraval Ediciones en mayo de 2013, el poeta, editor y ensayista Francisco Alcaraz escribió: “La poesía es la conciencia espiritual de la humanidad. Sea o no sea el poeta un ser religioso, incluso si se limita a hablar de lo más oscuro y profundamente humano, su papel es el de intermediario entre lo terrenal y lo trascendente”.
En estas breves líneas entresacamos y unimos arbitrariamente algunos pensamientos de esta obra de Cecilia, quien cabalga en el lomo de un indómito corcel, al mismo tiempo que se desliza ingrávida en el esplendor sagrado de la eternidad.
La palabra melancolía es una danza en frasco de burbujas, una cataplasma de tierra prometida que hurga el corazón de Dios. La soledad acomoda bien... La uva nunca sabrá del vino la delicia hasta ser macerada.
¡Abran las ventanas! Voy a arrancarle al vendaval rosas recién nacidas de la nada... Las cosas cuando no buscan rumbo encuentran su vacío.
Dios está conmigo y me lanza saetas invisibles... Un dios casi tersura, un dios casi paso de ciervo... Se escudriña la felicidad más pequeña, el arcón de los espíritus benignos, los cestos de melancolía.
El barco a buen viento enternecido, navega por sus palabras... No hay ofertorio, solo simulación: máscaras, cáscaras, descaro... Y los poetas, los misteriosos trágicos, los amorosos lúdicos, los consumidos ojerosos, los que copulan verbos en el viento.
Una florista que lleva rosas como llevar reliquias en las manos.... Cariátide sensible al terremoto en el funeral de la inocencia.
¿He de quemarme los nudillos antes de tocar las puertas?... Solo tienes que arder con tu fiereza de constante nido, construyendo sonrisas en un cuerpo mortal... Luego arde conmigo.
¿Atizo mi espiritualidad?