Estadio de primera, hospitales de segunda

Jesús Rojas Rivera
29 mayo 2020

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jesusrojasriver@gmail.com

 

De la comunidad pesquera de Teacapán, frontera de Sinaloa con Nayarit, a la cabecera municipal de Escuinapa son aproximadamente 30 minutos en automóvil. Del hospital general de Escuinapa al de Mazatlán unos 40 minutos en ambulancia, si es que funciona. La señora Ramona murió en la llevada y la traída, sentenciada por su pobreza, por la falta de una “buena palanca”, de una llamada que le abriera las puertas a un mejor nivel hospitalario. El Secretario Efrén Encinas dijo que hay camas suficientes. Mintió.

Con todos los síntomas de Covid-19, a falta de instrumentos y aparatos en el modesto hospital de su municipio, fue trasladada al puerto, ciudad que registra un incremento alarmante en el número de contagios. No había cama ni cupo para ella, la regresaron a morir a su tierra. Lo mismo pasó con Mario a principios de mayo en Culiacán, sus familiares peregrinaron con él, murió afuera de la Cruz Roja sin atención médica, les dijeron que no había camas. Encinas declaró que “se investigaría”.

En los días del luto de doña Ramona, José Ramón Fernández, un decano del periodismo deportivo, anunciaba la llegada de una franquicia del futbol mexicano a Mazatlán. El periodista David Faitelson, alumno de “Joserrá”, recriminaba en Twitter: “Los gobiernos, incluyendo el de Sinaloa, están para construir hospitales, escuelas y garantizar la seguridad (que bastante nos falta hace por allá) y no para administrar equipos de futbol…
”.
Tengo más de cinco días tratando de documentar el monto de la inversión pública en el Estadio de Mazatlán, la información oficial es escasa y hasta cierto punto contradictoria. Algunos medios como El Debate señalan que: “el Gobierno de Sinaloa invirtió 450 millones de pesos para la realización del nuevo estadio”. El periódico ESTO afirma que son 460 millones de pesos; MedioTiempo, portal especializado en deportes, dice en su portada digital: “El Gobierno de Sinaloa invirtió 1,452 millones de pesos en estadios”. En referencia a la casa de Dorados de Sinaloa -estadio embargado por el SAT en febrero de 2020- y el nuevo estadio de Mazatlán. El costo de la obra mazatleca se estimó en más de 650 millones de pesos.
El semanario Riodoce publicó en enero de este año que el gobierno de Quirino había invertido en tres años el doble de lo que Malova en su sexenio en construcción y remodelación de estadios deportivos. Asegurando que Sinaloa era el estado del País que más erogó en ello.

Cuando las inversiones públicas para estadios se planearon, programaron y presupuestaron nadie pensaba en una pandemia global que requeriría el máximo de inversiones en salud pública. Pero el Gobernador ya sabía de las carencias hospitalarias, así lo dijo en campaña cuando habló del deterioro en la infraestructura y la escasez de aparatos.

En el ejercicio de su facultad constitucional como titular indiscutible de la administración pública estatal tomó decisiones en lo que consideró prioritario. Y en Mazatlán, donde tiene sus hoteles, quedó un estadio hermoso, imponente, de primer nivel. Pero también ahí siguen los médicos al frente de batalla en hospitales de plafones caídos, sillas rotas, computadoras obsoletas e instrumental médico medieval.

La pandemia nos vino a estrellar en la cara las absurdas decisiones de nuestra antigua realidad, de las inversiones superfluas o convenientes a intereses económicos particulares. Nos está haciendo redimensionar el sentido de lo importante, lo urgente y lo vital. Irónicamente, mientras Quirino nos presume orgulloso la foto con Cristiano Ronaldo futbolista “estrella” de la Juventus, el rostro de las y los internistas, epidemiólogos, neumólogos, enfermeras y camilleros en el frente de batalla, siguen en el olvido y el anonimato de siempre. En fin, cada quien sus héroes. Luego se seguimos...