Estofa

Lorenzo Q. Terán
24 junio 2026

Nunca me imaginé que en nuestro País llegáramos los ciudadanos a presenciar tanta estulticia en la propaganda de los partidos llamados de Oposición. Es infame el nivel rupestre que, en su discurso, manejan los dirigentes de los partidos minoritarios en esta hermosa nación, que merece un nivel civilizado y a la altura de la ciudadanía. Por lo contrario, lo que escuchamos cotidianamente es un discurso de odio y repleto de insultos de la más baja estofa, que nada tiene que ver con la política.

Es urgente salir de ese círculo vicioso, de ese pobre discurso opositor plagado de denuestos y visceral descalificación, que es el pan que cada día nos receta una opinión opositora que, aunque rica en denuestos, es pobrísima en ideas a la hora de exponer un proyecto de nación viable, acorde al estado actual de la nación. Mucho ruido y pocas nueces a la hora de plantear su programa de frente a la nación, del cual carece por completo.

En lugar de plantear remedios, a la Oposición chayotera todo avance popular le duele: los programas sociales, la democracia, la economía para el bienestar del pueblo, las obras de infraestructura, etc... y más bien parecen nostálgicos del pasado autoritario y el saqueo de los bienes nacionales a manos de unos cuantos plutócratas. Sin proyecto de nación viable, que garantice la agenda social, el discurso opositor sólo se vuelve infundio, pero no tiene eco en el pueblo.

En el sentido estricto de la política partidaria, la derecha viene convirtiendo el lenguaje político en jerga propia de bajos fondos, que más parece dirigida a los sectores más atrasados de la sociedad, muy lejos del debate de ideas, de la discusión de programas y políticas públicas, que es lo que quiere oír la ciudadanía, y no denuestos propios de lavandería de barriada, que es el nivel tan bajo que ahora exhibe en sus medios la mentada Oposición. En este país tenemos que recuperar el sentido semántico de la política.

Los jóvenes de México y las clases populares y medias merecen respeto en el discurso. El discurso político debe basarse en la dialéctica, en el debate y contraste de ideas, en una argumentación de altura. Descalificar sin elementos probatorios, sin sustento probatorio, en nada contribuye al debate público y a fomentar la participación cívica. Es urgente civilizar el discurso político y hablar, como dicen en mi tierra, con las pruebas en la mano.

Ojalá los políticos de este país comprendan la necesidad de darle un giro al discurso político en este país, centrado en la solución de la problemática social, en la mejora de las condiciones de vida de la población, en superar las rémoras y los males que aún nos aquejan, y por allí encaucemos el discurso político, al que hay que devolverle su rigor, su seriedad y altura cívica.

Por otra parte, nos encontramos cerca de iniciar una jornada cívica histórica por muchas razones. Tenemos la responsabilidad, como ciudadanos, de prepararnos para vivir esa jornada electoral plenamente y alcanzar la mayor parte de los espacios para continuar por la ruta del cambio, de la transformación democrática del País. Estamos seguros de que, en las elecciones del próximo año, llegado el momento, los ciudadanos las van a resolver libremente, expresando su voluntad en las urnas, refrendando su anhelo de construir un México del pueblo y para el pueblo.

Como lo hemos reiterado, la democracia llegó para quedarse y los ciudadanos están de plácemes y seguros que habrán de hacer valer su sufragio plenamente en las urnas, en eso tienen plena seguridad. La elección del 2027 va a establecer un parteaguas. Esperamos, como sucedió en la elección federal pasada, donde la participación ciudadana se volcó en las urnas, una vez más la ciudadanía reivindique su ideario y emita su voto con decisión.

El ciudadano tiene mucha claridad sobre la marcha ascendente, sin contratiempo, que sigue el País, hasta alcanzar la reivindicación de sus anhelos de prosperidad y justicia; tiene sus metas bien trazadas, su plan de progreso con bienestar bien estructurado, con bases sólidas, su ideal de democracia participativa muy arraigada; todo está previsto, nada de improvisaciones, se camina por un sendero seguro hasta consolidar el progreso del pueblo.

El pueblo mexicano está politizado y muy claro del camino a seguir para construir un futuro mejor. La marcha que se ha iniciado por esos objetivos es indetenible y hará valer su voluntad en las urnas, marcando el promisorio destino de la nación con su arma secreta más efectiva: el voto.