Estructuras del silencio: el periodismo en México bajo ataque

Daniel Elizondo de la Torre
28 mayo 2026

El más reciente informe de Article 19, presentado el 6 de mayo de este año en la Ciudad de México bajo el título “Estructuras del silencio: censura, opacidad y vigilancia” (2025), plantea una advertencia, la normalización de la violencia contra la prensa, en cualquiera de sus formas, es uno de los riesgos más graves para la vida democrática.

El dato más brutal viene primero: México registró siete asesinatos de periodistas y una desaparición durante 2025. Con eso, nuestro país encabeza, por enésima vez, la lista de los más letales para ejercer el periodismo en toda la región. No en una zona de guerra declarada. Aquí, en México.

Pero los asesinatos son sólo la punta del iceberg. Article 19 documentó 451 agresiones contra la prensa en México a lo largo del año pasado. Eso equivale a una agresión cada 20 horas. Las ciudades con mayor número de casos documentados fueron Ciudad de México con 84, Puebla con 39 y Veracruz con 34. No son ciudades remotas ni zonas de conflicto olvidadas por el mapa; son los centros neurálgicos del país, los lugares donde más se concentra el poder y, al parecer, también donde más se concentra el miedo a que ese poder sea cuestionado.

El indicador que predomina en todos los países analizados -México, Guatemala, Honduras y El Salvador- es lo que Article 19 llama “ambiente hostil”: discursos intimidantes, agresiones en línea, desplazamiento forzado. En México, este indicador concentró el 44 por ciento de todos los casos registrados. No son solo balas. Son amenazas, acoso digital, periodistas que tienen que abandonar sus comunidades porque quedarse significa morir. La violencia tiene muchas formas y no todas dejan huella visible.

Leopoldo Maldonado, director regional de Article 19, lo dijo con una claridad que no admite eufemismos: “Si bien cada país construye silencio a su manera, la tendencia regional es clara: una lógica compartida desde el aparato estatal y los poderes fácticos para deslegitimar la crítica y convertir la información en una amenaza que debe eliminarse.”

El silencio no llega de golpe. Llega poco a poco, normalizado, maquillado de eficiencia o de seguridad pública. Y en México ese proceso tiene dos caras igualmente preocupantes: la opacidad institucional y la vigilancia tecnológica.

En materia de transparencia, el informe documenta algo que debería provocar indignación ciudadana. El organismo que sustituyó al INAI -llamado Transparencia para el Pueblo, bajo la promesa de ser más ágil y cercano a la gente- desechó en 2025 alrededor del 99.6 por ciento de los recursos de revisión que los ciudadanos presentaron en su portal. Léase bien: de cada mil solicitudes ciudadanas que buscaban que el Gobierno rindiera cuentas, apenas cuatro fueron atendidas. El resto, al archivo. Un organismo que nació con el discurso de democratizar la información se convirtió, en los hechos, en un muro.

Y si la opacidad cierra una puerta, la vigilancia abre una ventana que nadie pidió. México se consolidó en 2025 como el principal cliente de Pegasus en el mundo, con 456 ataques documentados de un total de mil 400 registrados a nivel global. Uno de cada tres ataques con ese software espía en todo el planeta tuvo como objetivo a alguien en México. ¿A quiénes? A periodistas, activistas, personas que hacen exactamente lo que una democracia necesita que alguien haga: preguntar, investigar, revelar.

A esto se suma la Ley de la Guardia Nacional, que en su texto estipula que los militares tendrán acceso a los datos personales de la población sin controles claros. El informe de Article 19 advierte que esta y otras legislaciones promovidas bajo el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum legalizan la vigilancia disfrazada de un bien necesario para la ciudadanía. La militarización del País avanza y, con ella, la normalización del uso de la tecnología como aparato de control. Cuando el Estado puede observarte sin que tú lo sepas ni puedas impedirlo, ¿quién vigila al vigilante?

Adrián López, director del periódico Noroeste y participante en la presentación del informe, es uno de los que conoce de cerca lo que significa ejercer el periodismo en un entorno hostil. Noroeste ha sido víctima de presiones y amenazas. Su presencia en este foro no es anecdótica: es el recordatorio de que estas cifras no son abstracciones. Son colegas, son redacciones, son comunidades que se quedan sin voz cuando el periodismo cede.

Maldonado hizo al final un llamado que vale la pena repetir: no normalizar la censura ni la violencia contra la prensa. Porque si lo hacemos, advirtió, “el silencio se convierte en la norma y el periodismo abandona su papel de nombrar, documentar y confrontar”. Y cuando eso ocurre, no sólo pierde el periodismo. Perdemos todos.