Evolución del SNII en Sinaloa
En una etapa histórica marcada por desafíos económicos, sociales y de seguridad, existe una comunidad que continúa trabajando silenciosamente en la formación de recursos humanos, generación de conocimiento y desarrollo tecnológico: los investigadores científicos.
En México, algunos de los académicos más destacados están integrados dentro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII). Este sistema evalúa periódicamente la productividad y trayectoria de sus integrantes para determinar su permanencia y promoción dentro del mismo. Actualmente, varios investigadores sinaloenses nos encontramos precisamente en este proceso de evaluación.
El SNII se organiza mediante niveles de productividad académica que incrementan gradualmente en exigencia: Candidato, Nivel I, Nivel II, Nivel III y Emérito. Cada categoría requiere una producción científica más sólida, considerando publicaciones, formación de estudiantes, dirección de proyectos y contribuciones al desarrollo científico nacional e internacional.
Más allá de ser un indicador académico, el crecimiento de esta comunidad refleja la capacidad de una región para formar conocimiento, desarrollar tecnología y consolidar grupos de investigación competitivos.
En este contexto, Sinaloa se ha convertido en uno de los estados con mayor crecimiento científico del Noroeste del país, particularmente a través de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Actualmente, la máxima casa de estudios de Sinaloa cuenta con el mayor número de investigadores adscritos al SNII, con 720 investigadores registrados en 2026. La institución más cercana es la Universidad Autónoma de Occidente con 105 investigadores.
En 2025 publicamos un análisis sobre los miembros del SNII en la UAS, titulado “Analyzing h-index patterns through clustering among researchers in Sinaloa, Mexico”. En aquel trabajo analizamos patrones de productividad científica y agrupamientos entre investigadores de distintas áreas del conocimiento. Ahora, con los registros actualizados de 2026, es posible contrastar aquellos resultados con el comportamiento reciente del sistema. Empezaremos por analizar su evolución temporal desde 2007 hasta la actualidad.
Los resultados indican que desde 2007 el crecimiento del número de investigadores adscritos al sistema ha seguido una tendencia exponencial, con una tasa promedio de incremento cercana al diez por ciento anual. Sin embargo, hubo años donde el crecimiento fue todavía más acelerado, como ocurrió en 2023, cuando el incremento alcanzó aproximadamente el 26.6 por ciento.
Este comportamiento refleja no solo el crecimiento de las capacidades científicas de la región, sino también el proceso de consolidación de grupos académicos y programas de posgrado que durante años han trabajado para fortalecer la investigación en el estado.
La expansión del sistema también muestra cómo nuevas generaciones de investigadores han comenzado a incorporarse progresivamente a la actividad científica formal.
Al comparar con más detalle los datos entre 2025 y 2026 también se observan cambios importantes en la distribución interna de los investigadores dentro de la UAS. Por un lado, existe un aumento en las zonas Norte y Sur de la universidad, lo que contrasta con una reducción relativa en las zonas centro.
Asimismo, las áreas de Agronomía y Biotecnología, junto con Ciencias Sociales, continúan siendo las de mayor tamaño, concentrando cerca del 50 por ciento de los investigadores del sistema. También es de resaltar, que la mayor parte de los integrantes permanece en etapas formativas, principalmente en las categorías de Candidato y Nivel I, reflejando un amplio potencial de crecimiento y consolidación científica.
Estos resultados permiten discutir tanto los avances como los retos pendientes. En primer lugar, debe reconocerse el gran esfuerzo que realizan los investigadores sinaloenses para mantener un nivel competitivo internacional, particularmente en un contexto regional complejo en inseguridad.
Permanecer dentro de este selecto grupo representa un reconocimiento al trabajo constante del investigador promedio sinaloense y al compromiso académico que implica sostener una producción científica continua.
En segundo lugar, es necesario mantener una visión autocrítica. Aún falta fortalecer el vínculo entre la investigación desarrollada en los centros educativos y las necesidades de la sociedad.
La generación de conocimiento debe traducirse progresivamente en soluciones, innovación y beneficios tangibles para la población. Ese sigue siendo uno de los desafíos más importantes para la comunidad científica regional.
En tercer lugar, hacer ciencia también es construir paz. Los investigadores, a través de su esfuerzo diario, generan conocimiento, forman recursos humanos y desarrollan tecnología que contribuye al desarrollo social, cultural y científico de nuestra región y del mundo.
En conclusión, la evolución del SNII en Sinaloa no solo habla del crecimiento de indicadores académicos; también refleja la capacidad de una sociedad para seguir apostando por el conocimiento incluso en tiempos difíciles.