Evolución histórica de la percepción de inseguridad en Sinaloa
La percepción de inseguridad es un fenómeno que impacta nuestro desarrollo personal y social, que también refleja las complejas dinámicas sociales entre los actores al servicio del orden y de aquellos dedicados a las actividades criminales.
La percepción no depende únicamente de los hechos violentos, sino de cómo se narran, se comparten y se amplifican.
No se trata solamente de una cifra que aparece cada trimestre en un comunicado oficial, sino que moldea nuestra forma de habitar la ciudad, las horas en que salimos, las rutas que tomamos, las decisiones de inversión y hasta las conversaciones cotidianas.
La percepción de inseguridad (PI) de la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi es una medida que muchas veces se presenta como un dato aislado, pero que al ponerse en un contexto más amplio de tiempo nos puede dar información, así como una perspectiva más clara de nuestra respuesta a los entornos sociales.
Más que un punto específico, la PI es una serie de tiempo que revela patrones, colapsos y cambios de régimen que vale la pena analizar con detenimiento.
Con el fin de tener una proyección más clara de esta dinámica, vamos a presentar un análisis de la PI a lo largo de los últimos diez años. Los datos provienen de la ENSU del Inegi. Nos enfocamos en los municipios de Culiacán, Mazatlán y Los Mochis, contrastando sus trayectorias para entender si seguimos una tendencia compartida o atravesamos dinámicas propias.
Los resultados muestran diferencias importantes a lo largo del estado. Culiacán es el municipio con mayores cambios en el periodo observado. La estructura de su serie es compleja y no lineal, con cuatro fases claramente diferenciadas en el tiempo: un crecimiento de 2016 a 2017, una disminución gradual de la PI entre 2017 y 2023, un súbito aumento entre 2023 y 2024 y un periodo de estabilización entre 2025 y 2026.
La PI alcanza un mínimo en marzo de 2024 de 39.26 por ciento y registra un salto de más de 131 por ciento en poco más de un año, al pasar a 90.79 por ciento en junio de 2025.
En Mazatlán el comportamiento también es complejo dentro del mismo horizonte de diez años, con una estructura en fases similar a la de Culiacán, aunque de menor intensidad. Después de alcanzar 34.28 por ciento en junio de 2024, la percepción se elevó hasta 80.37 por ciento en diciembre, con un salto abrupto que ocurre un cuatrimestre después del observado en Culiacán.
La variabilidad en los últimos reportes del ENSU para Mazatlán es mayor que en Culiacán, lo que sugiere una mayor sensibilidad a eventos coyunturales o a factores externos que inciden en la percepción pública.
En Los Mochis, en cambio, la percepción muestra mayor estabilidad y una tendencia descendente sostenida desde hace algunos años. Se observa un decrecimiento lineal aproximado de 4.84 puntos porcentuales por año. Aunque existen oscilaciones, la trayectoria general es a la baja, lo que la coloca como el municipio con menor volatilidad relativa dentro del grupo analizado.
En términos de Nassim N. Taleb, estamos ante un Cisne Negro negativo, porque las estructuras no lineales de la PI en Culiacán obedecen a eventos inesperados, aleatorios y que, a la luz de los acontecimientos, pueden explicarse posteriormente, además de que nunca seremos capaces de predecirlos con precisión.
Reconocemos que, para evaluar nuestra capacidad de adaptación frente a episodios de violencia, es necesario complementar este análisis con datos sobre delitos presenciados por la población, victimización directa y denuncias formales. Solo así podremos contrastar percepción con incidencia.
Otros factores relevantes en el modelado de la PI involucran el efecto de las redes sociales, las noticias (falsas y verdaderas) que se propagan en nuestro entorno, así como lo que los medios masivos comunican. Estos elementos también moldean la percepción y debemos empezar a medir cuánto influyen en su comportamiento.
Finalmente, en municipios como Culiacán, donde la variabilidad ha sido mayor, comprender estas dinámicas es básico para saber dónde estamos y hacia dónde podemos llegar. Entender la serie de tiempo completa, no solo el último dato, nos permite dimensionar mejor la magnitud de los cambios y evitar conclusiones apresuradas.
La percepción de inseguridad es un termómetro social. No basta con observar la temperatura de hoy; necesitamos mirar la gráfica completa para comprender el clima que estamos viviendo. Solo con análisis sostenido y evidencia podremos diseñar estrategias que reduzcan los picos abruptos y fortalezcan la confianza colectiva.