Frío extremo y heladas: la lupa de las desigualdades que enfrenta la niñez

Save the Children
15 febrero 2026

En México, el frío rara vez ocupa el centro de la conversación pública. A diferencia de los huracanes o las sequías, las heladas suelen percibirse como un fenómeno estacional, pasajero, casi inevitable. Sin embargo, en un país marcado por profundas desigualdades sociales, el frío extremo no cae parejo. Cuando la temperatura desciende, lo que se enfría no es solo el ambiente: se tensan los sistemas de protección, se evidencian las carencias y se vulneran derechos fundamentales, especialmente los de niñas, niños y adolescentes.

El cambio climático ha alterado los patrones tradicionales del invierno. Hoy, los frentes fríos son más intensos, más prolongados y menos predecibles. Para la temporada invernal 2025–2026, se pronosticaron 48 frentes fríos en el país, acompañados de temperaturas extremas y lluvias por encima de lo normal. Lejos de ser una estadística técnica, este dato anticipa un escenario de riesgo para miles de familias que viven en condiciones de carencia, con viviendas sin aislamiento térmico, ingresos limitados y acceso insuficiente a servicios básicos.

Las heladas no crean la desigualdad, pero sí la amplifican. En comunidades donde ya existen rezagos históricos, el invierno actúa como una lupa que hace visibles las brechas que durante otros meses permanecen normalizadas. En estos contextos, niñas y niños no solo enfrentan el frío con menos recursos, sino con menos redes de protección.

Las bajas temperaturas afectan de manera directa la seguridad alimentaria. Las heladas dañan cultivos, interrumpen medios de vida y encarecen productos básicos. Para muchas familias, el invierno implica destinar una mayor parte de sus ingresos a calefacción improvisada, leña, gas o medicamentos, reduciendo el presupuesto disponible para alimentos. En hogares con niñas y niños pequeños, esta tensión económica puede traducirse en dietas insuficientes, menos comidas al día o una alimentación de menor calidad nutricional, con impactos directos en el desarrollo de la niñez.

El derecho a la salud es uno de los más amenazados durante el invierno. El frío extremo incrementa de manera significativa las infecciones respiratorias, que afectan con mayor gravedad a niñas y niños pequeños, especialmente a quienes ya presentan desnutrición o condiciones de salud previas. A ello se suman los riesgos derivados del uso inseguro de calentadores, braseros o fogones dentro de las viviendas, una práctica común en contextos de pobreza energética que puede provocar intoxicaciones, quemaduras o incendios.

En zonas rurales o serranas, las heladas también dificultan el acceso oportuno a servicios de salud. Caminos intransitables, largas distancias y centros médicos con recursos limitados hacen que enfermedades prevenibles se agraven. En estos escenarios, el frío no es solo una condición climática: es un factor que pone en entredicho el cumplimiento efectivo del derecho a la salud de la niñez.

El impacto del frío también se extiende al ámbito educativo. En muchas regiones del país, las escuelas carecen de infraestructura adecuada para enfrentar temperaturas extremas. La suspensión de clases, los ajustes de horarios y el ausentismo escolar se vuelven frecuentes durante el invierno, particularmente en comunidades rurales.

Para niñas y niños que ya enfrentan rezago educativo, perder días de clase por el frío profundiza las brechas de aprendizaje. A esto se suma que quienes enferman de manera recurrente o deben permanecer en casa para ayudar a sus familias durante el invierno tienen mayores probabilidades de abandonar la escuela. Así, el frío se convierte en un obstáculo adicional para el derecho a la educación, un derecho que debería ser garantizado incluso —y especialmente— en contextos de emergencia climática.

Las barreras económicas siguen siendo uno de los principales obstáculos para la permanencia escolar. Las niñas, niños y adolescentes que viven en hogares con ingresos por debajo de la Línea de Pobreza por Ingresos enfrentan mayores probabilidades de inasistencia, una tendencia que se intensifica conforme avanzan los niveles educativos. Según la Universidad Iberoamericana (2025), al menos el 48 por ciento de la desigualdad económica en México está vinculada a la falta de oportunidades, relacionada con el lugar de origen, la escolaridad parental, la región y el género.

A esta realidad se suma la situación de las niñas, niños y adolescentes en contexto de movilidad. Para ellos, la educación suele ser un derecho interrumpido. La falta de documentos de identidad, la movilidad constante, la dificultad para revalidar estudios, el trabajo infantil y la escasa formación docente para atender estas realidades fragmentan las trayectorias educativas. Aunque México cuenta con un protocolo de acceso a la educación para niñas, niños y adolescentes en situación de migración, su implementación sigue siendo desigual entre entidades, lo que limita su impacto real.

Desde nuestra experiencia en contextos de emergencia, hemos aprendido una lección clara: esperar a que el daño ocurra siempre resulta más costoso, en términos humanos y sociales, que actuar de manera anticipada. En estados como Chihuahua —uno de los más expuestos a las bajas temperaturas en el país— esta realidad se repite cada invierno con especial crudeza.

La implementación de acciones anticipatorias ante frentes fríos nos ha permitido actuar antes de que las heladas impacten de lleno en la vida de las familias. Estas acciones parten de un principio fundamental: el frío extremo es previsible y, por lo tanto, sus impactos pueden reducirse si se actúa con información, coordinación y enfoque de derechos.

En municipios como Juárez, Chihuahua capital y Bocoyna, nuestro trabajo en territorio ha mostrado que acompañar a las familias con información clara sobre prevención, uso seguro de calentadores y cuidado de la salud, combinado con apoyos oportunos como kits invernales y alimentarios, puede marcar una diferencia real en la vida cotidiana de niñas y niños.

Durante la última temporada invernal, estas acciones permitieron que, desde Save the Children, lográramos apoyar a cientos de personas en contextos de alta vulnerabilidad. En Chihuahua, se entregaron kits invernales que beneficiaron directamente a niñas y niños, así como apoyos alimentarios que contribuyeron a reducir la presión económica de los hogares durante los meses más fríos. Más allá de las cifras, estas experiencias confirman que cuando la niñez se coloca en el centro de la respuesta, el impacto es más profundo y duradero.

No se trata de asistencialismo, sino de protección de derechos. Garantizar abrigo, alimentación y acceso a información oportuna durante el invierno es una forma concreta de hacer efectivos derechos que, de otro modo, quedan únicamente en el papel.

El frío extremo es un recordatorio incómodo de que la crisis climática no es neutra: afecta más a quienes menos recursos tienen para enfrentarla. En un país como México, donde millones de niñas y niños crecen en condiciones de pobreza, ignorar el impacto del invierno es aceptar que la desigualdad siga definiendo quién puede protegerse y quién no.

Frente a este escenario, la pregunta no es si el frío seguirá llegando, sino cómo decidimos responder como sociedad. Anticiparnos, coordinar esfuerzos y fortalecer sistemas de protección social con enfoque de niñez no debería ser una excepción estacional, sino una prioridad permanente.

Porque el frío no debería vulnerar derechos. Pero mientras existan niñas y niños que enfrenten el invierno sin lo mínimo indispensable, el silencio y la inacción también se convierten en una forma de abandono.

Save the Children (@SaveChildrenMx) es una organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Ayuda a los niños y niñas a lograr una infancia saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección infantil y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Visita nuestra página y nuestras redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram.