Futbol y religión
En la columna anterior, hablamos sobre la afición de los últimos dos papas, Francisco y León XIV, sobre el futbol, ahora que el Mundial 2026 es tema obligado de conversación, aunque no seamos aficionados, hinchas o tifosi, como les llaman en Italia.
No solamente estos hombres religiosos aman el futbol, sino que este deporte se ha convertido casi en una religión, como escribió el autor español Manuel Vázquez Montalbán, fallecido el 18 de octubre de 2003, en Tailandia.
En efecto, el libro “Futbol. Una religión en busca de un Dios”, se publicó en 2005 bajo la supervisión de su hijo Daniel Vázquez Sallés, tomando en cuenta fielmente lo que Vázquez Montalbán había dispuesto: “es fiel a la que él dejó en su ordenador portátil, devuelto por las autoridades tailandesas tras su fallecimiento en el aeropuerto de Bangkok”, subrayó su hijo, quien, en una nota a la edición, matizó que se trata de “una religión en manos de grandes multinacionales”.
Vázquez Montalbán reflexionó “sobre el porqué de nuestra afición, a veces irracional, por un deporte que nos permite una vivencia religiosa indispensable para nuestro ecosistema emocional”. Precisó que los “deportes se han convertido en fenómenos de masas porque han tenido divinidades prodigiosas capaces de convertirse en mitos contemporáneos que, a diferencia de los mitos clásicos, han sido seres comprobables, de los que nos llega su aura, pero también su fotografía”.
Con gran dosis de humor precisó: “Los jugadores ya no son los sacerdotes fundamentales, como tampoco los feligreses son los dueños de la Iglesia: la llenan, pero el poder condicionante del dinero pasa por las exclusivas de televisión y la publicidad. Ni siquiera Ronaldo es un jugador de futbol real: es un diseño de la FIFA y de las multinacionales de prendas deportivas”.
¿Desmitologizo el futbol?