¿Golpistas?

Federico Reyes Heroles
12 noviembre 2019

""

frheroles@prodigy.net.mx

 

El esquema era bastante claro y repetitivo. Un golpe de estado lo daban las FFAA contra del orden establecido. Podía ser de derecha o de izquierda. Las FFAA, frecuentemente apoyadas desde el exterior, derrocaban al gobierno para acomodar la pieza en el ajedrez mundial. Pero ahora ¿quiénes son los golpistas?

Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil, Perú, Venezuela, Panamá, Honduras, Haití, República Dominicana, Nicaragua, Guatemala. México es la gran excepción con más de un siglo de vida constitucional. De todo, víctimas y victimarios recordados por nombre, Árbenz (ver Tiempos recios de Vargas Llosa), Somoza, Leónidas Trujillo, Stroessner, Goulart, Pistarini y Alsogaray en 1966 en Argentina, allí mismo Videla contra Isabelita Perón, Banzer en Bolivia, Pinochet y pandilla contra Allende.

También Papá Doc y Baby Doc en Haití. Víctimas que se transforman en victimarios: Aristide. Es el caso de Ortega y Rosario Murillo, personajes que merecen estar en el elenco de las dictaduras más perversas del continente. Les falta novela. Podríamos irnos a los remotos, José Gaspar Rodríguez de Francia, el famoso doctor Francia que gobernó Paraguay por cerca de 30 años, espléndidamente retratado por Roa Bastos en Yo el supremo, y qué decir de Porfirio Díaz, el nuestro, serio competidor de las mejores ligas, pero gana Stroessner: 35 años en el poder. Y faltan nombres.

Pero mucho ha cambiado en buena parte para bien. Varias FFAA de diferentes países han rehuido a la tentación de poder. Lo fácil es subirse, pero bajarse. La imagen de Pinochet en silla de ruedas, perseguido internacionalmente por el Juez Garzón, que encontró sustento en una normatividad global transformada, enterró simbólicamente la autarquía política de los 50, 60 y 70. Las cláusulas democráticas propiciadas por el comercio global y por la vigilancia cruzada están en casi todas las latitudes. La Unión Europea y las múltiples alianzas supra nacionales asiáticas y africanas o el sistema interamericano de derechos humanos, han sido impulsos civilizatorios innegables, es la popular universalización de los mínimos.

La democracia integral está incluida, con relevo sistemático y programado con antelación. La ONU y la propia OEA están hoy obligadas a observar ese proceso civilizatorio y, en su caso, denunciar sus desviaciones. La política es ya global. Dar un golpe de estado hoy, por fortuna, es un asunto riesgoso.

Pero la perversidad humana no tiene límites. La avaricia tampoco. Antes los golpistas estaban afuera y lanzaban el zarpazo. Hoy están dentro. Llegan por vía democrática y entonces desmontan el andamiaje de libertades y acceso al poder. Fue el caso de Fujimori, de Chávez y su títere, de los Ortega, de Correa en Ecuador y de Morales. Poco tiene esto que ver con derecha o izquierda, o con la persecución de indígenas como lo repitió hasta el cansancio Morales en su renuncia. Los golpistas hoy son de otra estirpe. Basta con observar las distintas fórmulas que facilitan la perpetuación en el poder: la simple reelección controla desde dentro, la desaparición de opositores, o por qué no, la modificación constitucional. Contar los años en el poder es muy delatador.

Si desde el Ejecutivo se debilita al Judicial, se controla al Legislativo, si se establecen mecanismos de control corporativo o identitario, el asunto va mal. Si nación, religión, raza, género, etnia y clase, sustituyen a la noción inclusiva de ciudadanos, de nuevo, el asunto va mal (Identidad, F. Fukuyama). Cuando el resentimiento alimenta la política, la pira está ardiendo.
Amenazas a los órganos constitucionales independientes INE, CNDH avasallada, INAI, INEGI, CRE, etc., mociones locuaces ¿o visionarias? como la revocación de mandato, la ley Bonilla, la brutal concentración de poder, los múltiples ataques a la prensa, la polarización sistemática, demasiadas coincidencias. ¿Dónde están los golpistas, afuera o adentro?