Gotas de lluvia
Afortunadamente, este año ha sido pródigo en lluvias, a comparación de los dos años anteriores, aunque para algunos pobladores no son benéficas por los destrozos que causan, pero los beneficios superan inmensamente cualquier perjuicio.
Las persistentes gotas de lluvia operan prodigios y milagros; por ejemplo, en una frase atribuida a Lucrecio, poeta y filósofo del Siglo I antes de Cristo, se dice: “Las gotas de lluvia horadan la piedra no por la violencia, sino por la caída constante”.
En algunas composiciones musicales, las gotas de lluvia son signo o presagio de tormenta, como en la canción “Lágrimas de amor”, compuesta por el peruano Raúl Shaw Moreno, y que interpretó bellamente Javier Solís, la cual dice: “Aquí dentro de mi alma está lloviendo, como lluvia de llanto, lágrimas de amor”.
Famosa fue, también, la composición de Burt Bacharach para la película “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy and the Sundance Kid), que se tituló en español: “Gotas de lluvia sobre mi cabeza” y obtuvo el Óscar a la mejor canción original en 1970. La escena de la bicicleta con Paul Newman y Katharine Ross es icónica.
Si nos trasladamos a la música clásica, no podemos omitir la primera parte de una obra para piano solo, de Maurice Ravel, titulada: “Gaspard de la nuit”, basada en un libro de Aloysius Bertrand, cuya primera parte se llama “Ondine” (Ondina), un espíritu o ninfa del agua que es rechazada por un mortal: “ella, despechada y celosa, lloró algunas lágrimas, estalló en una carcajada y se disolvió en un blanco torbellino que salpicó las ventanas con gotas de agua”.
Finalmente, cómo no hacer referencia al melancólico Preludio 28 de Chopin para piano, que en la interpretación de la mano izquierda figura una persistente e incómoda gota.
¿Bendigo la lluvia?