Guerra, ahora sí, en el sur de Sinaloa
Ataque a marinos y represalia rápida
Fue rápida la reacción de las fuerzas armadas en los municipios de Mazatlán, Concordia y Rosario después de que el viernes resultaron afectados cuatro elementos de la Secretaría de Marina, uno de ellos asesinado, en las inmediaciones de la Presa Picachos, zona de la narcoguerra que también abarca a Escuinapa y en la cual durante los 22 meses que lleva el choque interno en el Cártel de Sinaloa nunca se implementó una intervención militar como la del sábado 4 de julio. ¿Se trató del plan tipo causa y efecto o del viraje táctico para agilizar la pacificación de Sinaloa?
Ya se conoce cómo es la contraofensiva del Ejército frente a las bajas que les causa el crimen organizado. Las operaciones relámpago movilizan helicópteros y aviones artillados, ubican a tropas y activan la tecnología de localización de objetivos, todo a gran velocidad que no suele mostrar la milicia en sus estrategias ordinarias. Y de la misma manera presenta resultados distintos como los que adelantan el abatimiento de al menos 10 civiles e igual número de detenidos, parte bélico que seguramente será mayor.
Es decir, lo que falta por saber es si los altos mandos castrenses subirán la intensidad en el combate al crimen organizado en Sinaloa, de centro a sur, o sólo se trata de la respuesta de las secretarías de Defensa y de Marina a la agresión que afectó a sus soldados. En caso de ser circunstancial lo activado principalmente en la zona de Rosario sobrecalentaría más de lo que ya está esa franja del territorio limítrofe con Durango y Nayarit donde la violencia aterra y paraliza a la población pacífica.
La estrategia del sábado fue autorizada por los secretarios de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch; de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, y de Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, consistente en el “peinado” por aire y tierra del municipio de Rosario y desde allí extendida a la sierra de Mazatlán y Concordia donde se ubica la comunidad San Marcos en cuya cercanía atacaron a los marinos. De igual manera la orden incluyó reforzar la vigilancia en las ciudades de Mazatlán y Culiacán en prevención de secuelas del megaoperativo.
A pesar de la escasa visibilidad del operativo al abarcar áreas serranas poco pobladas y que por el desplazamiento forzado de familias o la baja densidad demográfica resultan ser madrigueras perfectas para los sicarios y sus arsenales, lo que la gente describe le da forma a la atípica incursión que revisó palmo a palmo ese ribete de la Sierra Madre Occidental, naves que realizaron bombardeos tipo quirúrgico y centenas de personal humano que en tierra le dio seguimiento a información aérea y satelital. Le llamen como le llamen, esto sí es una guerra.
Guardadas las proporciones, los habitantes de mayor edad recordaron la intimidante Operación Cóndor que en 1975 desplegó el Gobierno de México bajo la presión de Estados Unidos para combatir el cultivo y trasiego de drogas en el llamado Triángulo Dorado del Narcotráfico, que en aquella época significaba la parte de la montaña en que convergen Durango, Chihuahua y Sinaloa. Hoy, al ser enderezado el poderío militar contra células del narco, nada distinto es el miedo y peligros latentes por los choques entre crimen vertebrado y Gobierno.
Aunque es de suponerse que la acción en la que participan efectivos de Sedena, Semar, Guardia Nacional, agentes de Investigación federal y elementos de la Policía Estatal Preventiva se dirigió contra grupo de civiles armados que disputan el control del cono sur de Sinaloa y a quienes se les responsabiliza de crímenes de alto impacto como el asesinato de los mineros de la empresa Vizsla Silver; la privación ilegal de la libertad donde turistas fueron víctimas en Mazatlán, y los ataques en diferentes puntos de los cuatro municipios inclusive con la utilización de artefactos explosivos, de cualquier forma quedó flotando en el ambiente la pregunta de a quién o qué buscaban.
Y, por último, dos ojalás: uno, que el despliegue de fuerza militar y policiaca, así como el balance de éste, no estén fundados en la intención del “ojo por ojo, diente por diente” derivado del ataque a marinos sino en la determinación de Palacio Nacional para de una vez devolverle la paz a Sinaloa y, dos, que en el reporte pendiente de ofrecer por el Gabinete de Seguridad no haya pérdidas de vidas de inocentes.
Escuinapa, Concordia y Rosario,
Municipios de esperanza tenaz,
Agotaron todo el relicario,
Durante dos años suplicando paz.
El otro motivante para la enérgica tarea de combate a la violencia, labor iniciada el fin de semana en Sinaloa, pudo ser el dato crudo pero estadísticamente fundado en el Informe Semestral (20 de noviembre de 2025 al 19 de mayo de 2026) de la Fuerza Armada Permanente en Tareas de Apoyo a la Seguridad Pública, que pone en evidencia los pocos resultados de la militarización en materia de contención de la narcoguerra en local ya que al concentrar el estado a 11 mil 326 elementos del Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos, cerca del 25 por ciento de los 45 mil 247 efectivos desplegados en todo el País para atender la incidencia delictiva, la violencia continúa irrefrenable con un promedio diario de 5.3 homicidios, 6.1 desapariciones forzadas y 17 robos de automóviles desde que el 9 de septiembre de 2024 inició el choque feroz entre los hijos de Ismael Zambada García y los de Joaquín Guzmán Loera.